La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) fue creada en 1948 para contribuir, así decía su acta de fundación, al desarrollo económico de América Latina y reforzar las relaciones económicas de los países de la región con las demás naciones del mundo, su objetivo no solo era estimular el desarrollo económico, sino que también el desarrollo social.
Uno de los fundadores y principal inspirador del organismo regional fue el argentino Raúl Prebich, quien ocupó por algún tiempo la secretaría general de la Cepal.
En los primeros años, de 1948 a 1960, se estructuraron los conceptos de centro-periferia, para explicar el comercio desigual entre nuestros países productores de materia primas con las naciones desarrolladas, productoras de manufacturas. Esta lógica, que pareciera dominar las relaciones económicas aún en estos días, es la traba principal que explica el atraso de las economías de los países subdesarrollados.
La dinámica de los mercados hace que la producción industrial aumente los costos y, en cambio, las materias primas tienden hacia la baja. Productos como el café, la palma africana, el azúcar y otros se mueven en una constante incertidumbre de precios en el mercado mundial y no permiten la acumulación de recursos que se puedan orientar hacia el desarrollo. El planteamiento de la Cepal, como parte de su estrategia de desarrollo, es la industrialización sustitutiva, para lo cual debería implementarse acciones como el impulso a procesos de reforma agraria, lo que permitiría lograr un mercado de consumo para ensanchar las posibilidades del desarrollo industrial, reforma educativa, con el propósito de formar los técnicos, profesionales y un liderazgo capaz de orientar los cambios que requiere la sociedad.
Después de siete décadas de haber surgido la teoría de la Cepal, se constata que, a pesar de algunos éxitos, sobre todo en los primeros años; al hacer un balance general, la misma ha fracasado y hoy la Cepal como organismo de la ONU promueve “una transformación productiva con equidad”, enmarcándose en la idea de un desarrollo sostenible, sin un enfoque vigoroso que explique la forma como ha de hacerse.
El contexto en el cual se ha dado el debate acerca de las cifras que ha dado la secretaria ejecutiva de la Cepal, señora Alicia Bárcenas, y el expresidente del Banco Central de Honduras, Hugo Noé Pino, es el señalado y de alguna manera muestra la involución que ha sufrido este organismo regional en la interpretación y las propuestas de desarrollo para América Latina, por eso, personalmente creo que es intrascendente el mencionado debate sobre las estadísticas proporcionadas por la Cepal, sobre el desarrollo en Honduras.
Estos profesionales harían un gran aporte a la discusión sobre la sostenibilidad de un modelo económico, el neoliberalismo, que está fracasando como teoría desarrollista y está poniendo en peligro la sobrevivencia humana. Las estadísticas han sido utilizadas por todos los gobiernos y sirven para elaborar propuestas o para maquillar la administración pública. Las cifras corren el riesgo que se utilicen con fines políticos, en una u otra orientación.