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Justicia tributaria: qué, cómo y cuándo

Del artículo anterior quedó planteada una pregunta toral: ¿Por qué el nivel de desarrollo humano de Honduras es el más bajo de Centroamérica (0.634) siendo el país con la presión fiscal más alta (17-18%)? Las respuestas pueden ser variadas y muchas de ellas, nimias.

Una respuesta pragmática de acuerdo con lo observado en la experiencia de la economía internacional es que hay una correlación entre el tamaño de los Estados (medido por el cociente Ingresos Tributarios respecto al Producto Interno Bruto o alternativamente el PNB); los países de mayor desarrollo -generalmente- tienen una alta presión fiscal y un sector público que produce los suficientes bienes públicos para lograr mejores niveles de producción, mayor acceso a la salud, la educación y mejor ambiente para los negocios, empleos de calidad y mejor distribución del ingreso y de la riqueza. (Son contadísimas las excepciones a este patrón, como Singapur). Dicho en otras palabras, la experiencia histórica indica que en la medida en que los Estados captan más impuestos y utilizan esos recursos apropiadamente, han logrado -y sostienen- sus avances en el Desarrollo Económico y Humano.

No obstante, tampoco se trata de creer en que para “desarrollarse” basta con aumentar los impuestos y ya. Sería un absurdo. De hecho, ese es el sentido de la pregunta con respecto a Honduras; que de acuerdo con la proporción de impuestos captados (presión fiscal) debería ser el país con mayor nivel de desarrollo en América Central; desafortunadamente, hasta ahora es lo contrario. En Centroamérica, por cierto, tenemos presión fiscal baja (no supera el 20% del PIB) en comparación con los países escandinavos (cercanas al 50%) donde los Estados cobran muchos impuestos pero los usan muy bien.

No es casualidad que Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia estén en los primeros lugares del mundo en Desarrollo. Partiendo de esa pregunta esencial, podemos pensar que el proyecto de la denominada Ley de Justicia tributaria tiene claro el qué. Teniendo claro esa respuesta, se puede pensar en el cómo, cuándo y las demás preguntas derivadas. Entonces, captar más impuestos de los contribuyentes no es un fin en sí mismo.

Se trata de que el Estado capte lo más posible con base en un sistema tributario progresivo, que cobre los impuestos de acuerdo con la capacidad económica y que utilice esos recursos (que en un primer momento restringen la actividad económica) de la manera más inteligente, productiva y transparente para reinsertarlos en una especie de economía de escala, produciendo los “bienes públicos”, que son aquellos servicios, bienes de capital y capacidades que necesitan los emprendedores, empleados y población en general para crear más producción, empleo y satisfacción de necesidades.

En ese flujo circular o círculo “virtuoso”, el Estado cobra más impuestos, sobre todo a los más ricos y algo a los pobres, y los retorna a la economía en beneficio real para todos, incluyendo a los ricos! De esta manera, el Estado cumple con una de sus funciones fundamentales: redistribuir el ingreso con equidad y eficiencia, simultáneamente. Al distribuir bien, se debería reducir la pobreza, mejorar el ingreso per cápita, la capacidad adquisitiva y, por supuesto, tributar más.