Columnistas

Interrogantes y advertencias

Las personas se preguntan: ¿Hay futuro? Y, si lo hay, ¿de qué tipo? Quienes pretenden responder ofrecen visiones apocalípticas que magnifican la magnitud y alcance de la actual pandemia, olvidándose que la Gripe o Influenza Española que asoló al mundo entre 1918-1919 dejó un saldo estimado entre 30 a 50 millones de víctimas, en la época en que Europa presenciaba el fin de la Primera Guerra Mundial, que causó otro saldo millonario de soldados y civiles muertos. Para los albores del siglo XX se contaban con sistemas sanitarios inadecuados aún en las naciones ricas, con reducida información respecto a las pandemias, con escaso número de vacunas, no se habían descubierto los antibióticos.

Otras interrogantes existenciales pertinentes en la actual coyuntura: ¿cuál será el papel del Estado al concluir la peste actual: autoritario, intervencionista, centralizador, regulador de la vida, la salud, la economía? Hoy, incluso, en el bastión máximo del capitalismo, Estados Unidos, renuentemente, el gobierno se ve forzado a adoptar medidas urgentes, impensables hasta hace unas semanas, tan solo vistas anteriormente cuando Franklin D. Roosevelt asumió la presidencia en 1933 hasta su deceso en 1945, hizo frente, exitosamente, a la Gran Depresión, iniciada en 1929, que se extendió por el planeta, con la implementación del papel protagónico estatal: el New Deal.

¿Volveremos al Estado de bienestar o, contrariamente, saldrá airoso el Estado neoliberal y la globalización? Al respecto, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, afirma: “Este debe ser el momento de pensar en la insostenibilidad del modelo de desarrollo extractivista y desigual. Esta nueva crisis de salud ha expuesto la fragilidad de esta globalización y del modelo de desarrollo en el que se sostenía... la globalización no funcionó como prometía y que debe ser reformada... las desigualdades entre países y al interior de ellos, agravan la fragilidad del sistema global y deben ser revertidas” (“Hora cero: nuestra región de cara a la pandemia”, EL HERALDO, 29 marzo 2020, p. 11)

En lo político, ¿evolucionaremos de la “democracia oligárquica”, que a criterio del sociólogo Ricardo Puerta “existe en Honduras desde 1982”, aclarando que “la democracia es incluyente y la oligárquica excluye a las grandes mayorías del poder y sus mieles” (“¿Fin de la democracia oligárquica?”. EL HERALDO, 22 febrero 2014, CCI, p. 8).

¿Lograrán modernizarse los partidos políticos hondureños o continuarán siendo correas de transmisión de los poderes fácticos? ¿Se democratizarán o seguirán cautivos de los caudillos? Paralelamente, ¿contaremos con un sistema electoral transparente, eficiente, o continuará siendo manipulado conforme a los intereses del partido en el poder?

En lo social: ¿aumentará aún más la brecha actual entre privilegiados y marginados?, ¿crecerá la desigualdad y exclusión en detrimento del incipiente desarrollo humano? ¿Y la violencia, corrupción, impunidad, se consolidarán todavía más? ¿Llegaremos, definitivamente, al Estado fallido, capturado por la alianza entre políticos y crimen organizado?

Todas son preguntas fundamentales que aguardan por respuestas concretas, de las cuales dependerá el rumbo y destino de la nación