La catástrofe que hoy agobia a la humanidad, sumida en muertes, parálisis, colapso, revive experiencias similares, incluso aún más devastadoras, que golpearon a generaciones previas en otras épocas cercanas o lejanas en el tiempo.
La que actualmente nos abate está siendo interpretada -desde ópticas y planos diversos- por filósofos, literatos, economistas, sociólogos, psicólogos, demógrafos, antropólogos, historiadores, con conclusiones optimistas o apocalípticas. Simultáneamente, por profesionales de la salud, que sin pausas, laboran en hospitales y laboratorios, sanando y buscando la elusiva vacuna que permita eventualmente la conquista del Covid-19. En el proceso, muchos arriesgan diariamente su vida, en tanto otros ya sucumbieron en el cumplimiento del deber. Me permito sugerir a mis colegas algunas posibles líneas investigativas que permitan encontrar explicaciones tentativas, preliminares.
Diversas fuentes de información facilitarán contar con una visión integradora: estadísticas, noticiosas, testimoniales. Contamos con relatos escritos en coyunturas previas que deben ser recordadas. Así, durante el sitio de Tegucigalpa en 1924, por parte de las fuerzas opositoras al régimen de Rafael López Gutiérrez, el periodista Mario Ribas Cantruy redactó un diario de lo que acontecía en la capital: combates, peste, incineración de cadáveres, hambre.
Testimonio valioso para comprender esa coyuntura que culminó con la victoria de la alianza político-militar encabezada por Carías, Tosta y Ferrera. El mismo año, Froylán Turcios publicó el Boletín de la Defensa Nacional. En sus páginas, diversos representantes de la intelectualidad hondureña dejaron plasmado su rechazo y condena por la ocupación de Tegucigalpa por efectivos navales estadounidenses.
La tragedia del huracán Mitch -el mayor desastre natural en nuestra historia-, permitió a Leticia de Oyuela escribir “Un balance cualitativo del huracán Mitch y el patrimonio cultural: diez años después”. El PNUD elaboró el “Informe sobre Desarrollo Humano, Honduras 1999: el impacto humano de un huracán”. Actualmente Yesenia Martínez investiga el impacto de la influenza española de 1918-1919 en la costa norte. Anteriormente ha escrito acerca de las condiciones sanitarias nacionales en las primeras décadas del XX y los aportes de distintos médicos.
Algunas interrogantes a responder: ¿de qué manera la pandemia está afectando la vida colectiva e individual? ¿Cómo responde el gobierno y la sociedad ante este reto? ¿Qué estrategias de supervivencia se adoptan por las familias? ¿Por qué ciertas regiones se convirtieron en puntos focales de infección y por qué otras registraron menores casos de contagios? ¿Ocurrieron desplazamientos poblacionales de una región a otra? ¿Cuáles fueron las repercusiones de tales movilizaciones? ¿Impactos laborales ante el cierre de fuentes de empleo? ¿Cuán eficaz fue el acceso a hospitales públicos? ¿Cómo se invirtió el tiempo libre durante los meses de cuarentena? ¿Cuáles son los impactos en lo económico, educativo, mental? Estas y muchas otras interrogantes permitirán ir despejando la por demás dramática condición que hoy vivimos. De responderlas, las futuras generaciones contarán con referencias para ahondar aún más en lo que está aconteciendo en este 2020, segunda década del siglo XXI.