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Esto se veía venir

La construcción de la sociedad y Estado hondureño tienen sus momentos claves. La configuración de las relaciones capitalistas tiene sus antecedentes más inmediatos con la llegada de las compañías extranjeras, primero a la minería y luego a la explotación de nuestro suelo por las compañías bananeras.

Ambos hechos de carácter económico tienen que ver con la expansión del capitalismo en nuestro continente, expansión que ya había sido fuente de disputa por parte de Europa y Estados Unidos.

El tipo de relaciones que se establecieron fueron las de un capitalismo de débil desarrollo, heterogéneo y dependiente. El principal interés de los inversionistas a finales del siglo XIX no fue la industria, sino la extracción de nuestros recursos naturales en el campo. A las compañías extranjeras se les entregaban grandes concesiones de tierra hasta por 250 años, las que podían usufructuar con bajos impuestos y con otro tipo de obligaciones muy ventajosas para los inversionistas. Hasta los temas migratorios eran concesionados al capital foráneo.

De esta manera, el tipo de infraestructura productiva que se instaló en aquellos lugares -que las propias demandas externas calificaban como provechosas- fue determinando las zonas de mayor desarrollo económico del país, lo que a su vez implicaba un mayor crecimiento poblacional y cultural, aspecto que todavía persiste en condiciones cuando determinadas relaciones de espacio y uso de los recursos han ido agotando sus posibilidades de expansión. No fue interés de las nuevas relaciones capitalistas que se establecían eliminar viejas relaciones de producción, sobre todo en el campo, estas sobrevivieron como un apéndice que les fue útil en la medida que proporcionaba mano de obra barata y servía de base política en una alianza entre los nuevos grupos económicos y los grupos locales de tradición casi feudal.

El sistema político hondureño se constituyó y se fue formando al calor de los intereses y disputas de los grupos económicos que les eran afines. La misma no era más que la lucha de esos grupos a los que se les habían entregado las riquezas del país y que tenían la capacidad de impulsar las llamadas “montoneras”, que eran grupos armados que ellos estimularon y apoyaron con armas para enfrentamientos fratricidas entre hondureños, metidos en una lucha que no era en interés del país que se debió construir, sino en interés de las “Cias” que se disputaban el control de los recursos.

En la formación del capitalismo en Honduras -podríamos decir América Latina- no hay nada autónomo y nada ético en temas sociales.

Las migraciones tienen mucho que ver en cómo se formó el sistema económico y político de la nación.

Ahora que la corrupción les hace más daño que beneficios -lanzando a miles de migrantes sobre sus fronteras- se lavan las manos y le echan la culpa a los gobiernos que ellos califican como corruptos, olvidándose que ellos son los “padres de la criatura”. No hace ni cinco décadas cuando funcionarios del gobierno hondureño iban a Washington y regresaban con maletines llenos de dólares en forma de préstamos que terminaban en cuentas bancarias de particulares.