Columnistas

Los heraldos del rey no cesan de propagar por todos los medios sus profundas y eruditas reflexiones sobre la no-bendita figura de la reelección. Por su falta de interés en leer o de aprender bien cuando leen, se aventuran temerariamente en dar interpretaciones acomodaticias de la Constitución y de las leyes de la República, profiriendo conceptos que resultan en barrabasadas ofensivas a los oídos de un pueblo que ha confiado en ellos o en sus mandadores la conducción de la nave de este Estado (no fallido aún pero zozobrando). Ahora resulta que la figura del plebiscito, que constituye una herramienta democrática efectiva para conocer, casi con exactitud, el sentir y pensar de todo un pueblo sobre un tema de interés nacional, lo están convirtiendo en la chabacanada más grosera al pretender confundir, aún más, al electorado, preguntándole, de manera absurda, cosas cuyas respuestas caen por su propio peso.

Las dos propuestas del plebiscito de Libre y del Partido Nacional, con sus 30 o más preguntas irrelevantes, distorsionan al propósito de la consulta popular que busca confirmar si el pueblo está o no de acuerdo con el tema Constitucional de la no reelección.

Los más famosos plebiscitos que se han dado en todo el continente (que no han sido muchos), particularmente el de Chile, en tiempos de Pinochet, contenían una sola pregunta que demandaba un sí o un no, y nada más. Triunfó el no y el dictador no pudo continuar ejerciendo el poder.

En Honduras la pregunta sería: ¿está usted de acuerdo con la reelección? Sí o no y punto. Pero entrar a preguntar de qué color prefiere que sean los calcetines del Presidente o si prefiere irse a Estados Unidos con coyote o sin él; es una pérdida de tiempo y de recursos que no nos sobran.

Pienso que lo más triste de todo esto es escuchar a algunos “eruditos” de nuestro Congreso Nacional avalar estas insensateces de uno y otro bando. Después de que hace muy pocas lunas se declaraban abanderados inclaudicables de la defensa a muerte de la Constitución y hoy, tal vez por la temporada festiva que se vive en el cónclave deportivo de Brasil, olímpicamente lucen las camisetas percudidas de ese equipo de malos hondureños que por su ambición desmedida por permanecer en el poder, enlodan los sagrados principios cívicos y morales en que debe descansar este remedo de República en que nos tienen sumergidos.

*Empresario y analista social