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El pensamiento y la creatividad no hacen cuarentena

Se nota que la gente está más ociosa que nunca, en un par de horas pueden caer en el teléfono 50, 70 y hasta 100 mensajes de WhatsApp; la mayoría memes divertidos burlándose de todo, hasta del coronavirus, que nos asusta y nos encuarentena. Las distracciones en casa sobran: celular, televisión por cable, videojuegos, música, y algún insumiso con libros.

Pese al confinamiento obligatorio por la pandemia, el entretenimiento doméstico, aparte de caro, nos roba el tiempo para la reflexión, el pensamiento y la introspección. De modo que será difícil que muchos puedan sacar algo realmente creativo, excepcional, o adquirir cultura general con tanto tiempo disponible.

Una de las cuarentenas más famosas y hasta mitificadas es la de Isaac Newton. En 1665 la Universidad de Cambridge cerró durante un año por la peste bubónica, esa que transmitían las pulgas de las ratas en aquella época insalubre. Más que la caída de una manzana en la cabeza, sus conocimientos le permitieron crear la ley que lleva su apellido, sobre la gravitación, el movimiento, la inercia, y también se atrevió con el cálculo y la óptica.

Ahora, muchos extendieron su oficina hasta la casa, se llevaron computadora, teléfonos y todo, y no falta quien se queja porque parece que así trabaja más de lo normal. Quizás los más quejosos son los estudiantes (obvio, los que su situación socioeconómica les permite las clases por internet) porque sienten que tienen más tareas que cuando van a la escuela.

William Shakespeare, igual que Newton, no tenía hijos ni celular ni tele, y aprovechó la cuarentena por la peste para escribir dos de sus grandes tragedias: “Macbeth” y “El rey Lear”. La ocupación del dramaturgo eran los teatros, que también estaban cerrados en Londres, así que el confinamiento sirvió a su ingenio.

Desde luego que la tecnología hace más soportable el encierro y convierte el mundo en una aldea planetaria, estamos todos conectados por televisión e internet; el teléfono es esencial no solo para acercarnos, sino para explotar la imaginación con infinidad de memes que mitigan el agobio con sentido del humor. Lo malo, lo pernicioso, son las especulaciones, las noticias falsas.

En el lejano 1348, diez jóvenes -siete chicas y tres muchachos- huyen de la peste de Florencia, se encuarentenan en una villa y para pasar los días deciden contarse cien cuentos cortos; en realidad este es el argumento del “Decamerón”, la obra de Boccaccio, en el nacimiento de ese género que ahora conocemos como novela.

Grandes creaciones del pensamiento, las ciencias y las artes surgieron del confinamiento; tal vez entre tantas distracciones aparece un genio artístico o científico que con su inteligencia cambiará nuestra historia a partir de este encierro; mientras, seguiremos con la creatividad popular de memes y chistes; reír y mantener un buen ánimo también fortalecen el sistema inmunológico.