“El enigma de los dos Chávez” se titula un artículo escrito por el nobel de Aracataca y reportero de Cartagena. Lo escribió luego de una extendida conversación con el entonces coronel revolucionario, en un vuelo de La Habana a Caracas.
Habló en todo el trayecto, sin parar, y “Gabo” lo escuchaba extasiado. Y es que Chávez era, como dicen las viejitas de pueblo, una lora en guayabal a la hora de hablar. Soñaba –y con sobrada razón– con una nueva Venezuela, una Venezuela sin “casas de cartón”, en la que los campos petroleros no solo dejaran “miseria y sudor de obrero”, como rezaban Los Guaraguao en sus canciones de barricada. Y no, no bastaba con rezar, para acabar con esa miseria.
Por eso emergió –como un redentor– la figura mesiánica del coronel. Para acabar con ese pantanal en que la oligarquía venezolana, representada en Miraflores y en la Asamblea por Acción Democrática y el Copei –liberales y conservadores– había convertido al país con las mayores reservas de petróleo en el mundo y al cuarto exportador mundial.
Con mucha razón García Márquez decía que la única diferencia entre liberales y conservadores era que unos van a misa por la mañana y los otros por la tarde.
El vuelo entre La Habana y Caracas duró como tres horas. Tres horas en las que Chávez no paró de hablar de sus vivencias de soldado y de sus ilusiones para la nueva Venezuela.
El avión por fin aterrizó en Caracas. Eran las 3:00 de la madrugada. Chávez invitó al nobel de Aracataca a su toma de posesión. García Márquez lo vio desaparecer entre sus escoltas por la ventana de la aeronave y tuvo la impresión que había hablado en todo el vuelo con dos Chávez.
“Uno –escribió Gabo– a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podría pasar a la historia como un déspota más”.
¿Quién de los dos gobernó Venezuela? Y el déspota no pudo haber hecho algo peor que heredarle a su pueblo a semejante sátrapa.
Qué triste se oye la lluvia en las casas de cartón...y ahora en toda Venezuela. La Siria o la Libia latinoamericana, donde ni al Papa le basta rezar.
*Periodista