La tragicomedia del país se concentra en los pasillos del Congreso Nacional, allí convergen todas las corrientes y charcos del pensamiento escuálido de los políticos que han llegado con el fin de cambiar las estructuras del Estado.
Los congresistas por méritos propios se han transformado en las risas de nuestra sociedad. Gracias a ellos existe el humor político, les han quitado el trabajo a los caricaturistas, se han convertido en memes humanos con la burla a sus espaldas y en sus léxicos grotescos de lo que, según ellos, es legislar.
La última mojiganga se dio en el Congreso Móvil. Los representantes de la bancada de Libre se tomaron la mesa principal de la Junta Directiva del Parlamento, en la ciudad de Gracias, Lempira. Las acciones de ese partido obedecen a la insurrección que hicieron previo a las reuniones en dicha localidad. Con esta maniobra se enciende los debates sobre los anteproyectos del oficialismo y se extingue inexorablemente en medio de los resentimientos y recelos mutuos.
Los diputados que están bajo el escudo de la estrella solitaria acusan y gasean con su verborrea empalagosa a la mayoría opositora que se enreda en las madejas confusas que los convulsiona y fracciona la humareda de la descalificación y la mentira a todo aquel que no modere sus ataques al gobierno y no tienda puentes de diálogo, o que insista en plantarse como oponente firme y crítico a los corifeos del régimen actual.
Esta atomización oficialista de la mala estrategia zigzagueante de una izquierda empecinada en exhibirse contra un sistema electoral, que les permitió a ellos ser embajadores del pueblo de un proceso democrático, mal hecho, pero demócrata, aún con esas fallas que nunca consiguieron enfrentarse como la punta de lanza de un Pleno serio y sólido que espante las aves oscuras de las leyes hechas con miras a delinquir. Quien sí aprovechó fue la marea azul con este lugar circense, con la finalidad de debatir temas rezagados sin garantizar el quórum, sin importar las voces disonantes y el orden, ellos creen que el que más grita es el más autoritario en el recinto, aunque se destacen los rencores recíprocos y los hinchados enconos de ánimos para imponer en medio de la confrontación montaraz.
Este escenario de relaciones parlamentarias es una amalgama de bloques opuestos y ambiciones cuadradas del oficialismo de arrastre y enardecimiento de una lucha por conservar el poder y sus distintas vertientes y la oposición cayó en la trampa y se distanció de la estrategia discrepante, al no acompañar las sesiones, cuando justamente eso quiere el partido militante y lo logró sin tantas tácticas, ya que usan un extintor con el propósito de apagar los fuegos de la exaltación iracunda de la política, que arde en los corazones rojos y rebeldes, en un intento desesperado por detener la reunión legislativa activando un cilindro, lo que provocó que varios portavoces resultaran afectados por el químico. Así estamos en esta nación de políticos graciosos, que cuestan una millonaria cantidad de dineros públicos. Pagamos por chistes malos y caros…