Muchos pensaron que con la firma de los acuerdos de paz en Colombia esa martirizada nación iba a entrar en un proceso de relativa calma. Colombia es el país de América Latina que vivió el conflicto armado más largo de la historia, conflicto que a pesar de los acuerdos todavía persiste.
A lo largo de más de 50 años de guerra se contabilizan más de 260 mil muertos, cerca de siete millones de desplazados, secuestros, violaciones y decenas de miles de desaparecidos es el saldo de esa confrontación.
Un conflicto iniciado por la lucha entre conservadores y liberales desde 1960 fue involucrando al Estado colombiano, guerrilla, grupos paramilitares de derecha, sumándoseles actores vinculados a la narcoactividad y otros; lo que volvió más compleja una salida pacífica duradera.
La violencia en Colombia en estos momentos ha entrado en una fase que presagia una guerra civil. Todo empezó por el impacto directo producido por las medidas de confinamiento ante la llegada del covid-19, aspecto que se suma a los problemas económicos derivados de la inestabilidad de los precios de las materias primas y la caída del valor del peso colombiano y, como ha ocurrido en el resto de los países latinoamericanos, los sectores más afectados fueron el comercio, turismo y la actividad manufacturera. Las condiciones de vida del pueblo colombiano se han deteriorado estrepitosamente.
La pandemia del covid- 19 llegó a un sistema de salud bastante afectado por las políticas privatizadoras en este sector, lo cual se ha traducido en una pésima atención a las demandas de salud. Con 75 mil fallecidos y unos tres millones de infectados, es una cifra bastante considerable para demostrar la mala atención que se le ha prestado a la pandemia.
Las acciones del gobierno de Iván Duque que colmaron la paciencia de los colombianos fueron la decisión de mandar al Congreso unas reformas fiscales que afectarían con más impuestos los servicios básicos como el agua y la luz, amenazando con ampliar la base tributaria y aumentando el número de personas que declaren renta. Esta decisión del gobierno unió todo el descontento popular que se venía acumulando en una sociedad donde el nivel de conflictividad ya venía siendo elevado.
Los indignados reclamos del pueblo están dejando a un presidente más debilitado, su principal ministro y teórico de las reformas neoliberales, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquillo ha tenido que renunciar ante el empuje de los manifestantes.
Las protestas vividas en Chile en octubre del 2019 y las masivas demostraciones del pueblo de Colombia en estos últimos días, están demostrando el fracaso de las políticas de ajuste económico impulsadas por los gobiernos promotores del neoliberalismo.
La descomposición social, económica y política en Colombia, como en el resto de los países latinoamericanos, pareciera no importar a los jerarcas de un modelo económico altamente concentrador de riqueza, especialmente al gobierno de Estados Unidos y Europa, que ante la crisis humanitaria que vive el mundo, prefieren cerrar sus fronteras a la solidaridad humana.