El agua es un recurso vital para el ser humano y el derecho al agua potable y al saneamiento forma parte integrante de los derechos humanos. Por tal razón, debemos optar por la cultura del desarrollo sostenible en materia de aguas. Integrar este conjunto de valores es enfocar el tratamiento de nuestros ecosistemas desde un nuevo derecho humano al agua.
El agua es un recurso cada vez más escaso en un mundo que se necesita para encarar sus grandes desafíos demográficos, climáticos y productivos. La falta de reconocimiento de su valor es la principal causa de su mal uso y desperdicio.
En Honduras, infelizmente el serio problema de la sequía rural y urbana se trata como una moda, una cuestión de verano, porque, luego vienen las lluvias del invierno, se apagan las lamentaciones y todo sigue igual. Continuamos abusando del uso indiscriminado y contaminando las fuentes de las aguas dulces subterráneas y superficiales como si no pasara nada.
En este sentido, en 1992, en Dublín se celebró la Conferencia Internacional de Dublín sobre Agua y Medio Ambiente; cuyas conclusiones fueron nombradas como la Declaración de Dublín sobre el Agua y el Desarrollo Sostenible, resumidas en cuatro (4) principios:
Principio Nº1: El agua dulce es un recurso finito y vulnerable, esencial para sostener la vida, el desarrollo y el medio ambiente.
Principio Nº2: El aprovechamiento y la gestión del agua deben inspirarse en un planteamiento basado en la participación de los usuarios, los planificadores y los responsables de las decisiones a todos los niveles.
Principio Nº3: La mujer desempeña un papel fundamental en el abastecimiento, la gestión y la protección del agua.
Principio Nº4: El agua tiene un valor económico en todos sus diversos usos en competencia a los que se destina y debería reconocerle como un bien económico.
Los expertos de la Declaratoria de Dublín convocaron a todas las esferas de la sociedad planetaria para suscribir un compromiso, conteniendo un enfoque radicalmente nuevo para la evaluación, el aprovechamiento y la gestión de los recursos de agua dulce para solventar los problemas y desarrollo sostenible, concediéndole a la gestión del agua la importancia pública que merece y resaltando la importancia al costo económico que acarrea el uso del agua, y la recuperación de estos costos. Los avances fundamentados en la Declaración han sido notorios e importantes.
En Honduras necesitamos con urgencia conocer los resultados de los programas de evaluaciones de los acuíferos y de las aguas subterráneas por regiones a nivel nacional para tomar decisiones pertinentes.
Finalmente, el derecho al agua demanda planteamientos sistémicos en la gestión integrada de los recursos hídricos en cuyas normas de gestión y planificación se evidencie la ética, la capacidad de los organismos encargados. la participación pública y la fijación del precio del agua. Queda planteado.