El diálogo debe ser un fin, además de un medio de solución de conflictos sociales y políticos. Ojalá fuera parte de nuestra cultura, considerando que en los últimos años enfrentamos un sistema estructurado de pensar en blanco o negro, somos más estereotipados y sesgados en la toma de decisiones alejándonos más de dialogar, en detrimento del desarrollo humano y el crecimiento como nación.
El gran diálogo nacional planteado para traer paz al país suena atrayente en este momento difícil. Lo ideal es tomar hilo y confeccionarlo basado en diseño a la talla de las circunstancias, a la medida de un medio de solución, y además a la medida de un fin.
El diseño ideal de un gran diálogo nacional debe tener positivamente matices grises, resultado de combinar esos pensamientos blancos y negros, los participantes deben respetar la comunicación basada en creencias, sentimientos y tendencias reactivas, sin verdades absolutas o apelar a emociones ideológicas que terminan en polarización.
El diseño de un gran diálogo nacional en su primera fase debe lograr un clima favorable de opinión. Además de estar a la talla de las fuerzas políticas, también es un proceso de tiempo que requiere la aceptación de muchos otros sectores y del sentir y pensar de la mayor parte de la población.
El clima de opinión favorable sobre el gran diálogo nacional debe convertirse en un fenómeno de contagio que logre extenderse por toda la sociedad, y las redes sociales y medios de comunicación son relevantes para ayudar a consolidar ese clima de opinión.
Entre más sectores se sumen a la propuesta de diálogo y se logre una mayor opinión favorable sobre el mismo, más rápido las partes podrán sentarse a buscar una solución al conflicto social y político, y más hondureños buscarán dar aportes: es la teoría de “la espiral del silencio”.
La espiral del silencio es una teoría de ciencias políticas y comunicación propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, donde estudia la opinión pública como una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.
Hoy miles de hondureños simpatizantes de partidos políticos desconfían unos de otros y de sus respectivas fuerzas políticas, por lo que en el diseño ideal del gran diálogo nacional, los líderes políticos juegan el gran rol que además de recordar y conocer a su población votante, también deben comprenderlos.
Comprender que llegan momentos que aunque no se esté de acuerdo con ellos, deben respetar su enojo, su malestar, su desencanto y hasta su falta de esperanza.