Comenzaré, como otras tantas ocasiones, con un disclaimer, ya que de lo que hablaré a continuación no es en el sentido formal ni estricto análisis de discurso sino una manera de analizar el discurso de las personas. Un asunto así, por supuesto, no cabría en una página dedicada al periodismo de opinión.
Cualquier ciudadano debería tener la capacidad de organizar y procesar en su cabeza lo que dice un político, un personaje público, un generador de opinión y todo aquel cuyas palabras tengan un impacto en el entramado social. Después generaría una opinión y una postura. No es así, por varias razones, entre ellas el desinterés, el bajo nivel de la educación y la falsa creencia de que no es necesario.
Lo primero que se debe aprender es a identificar el contenido. Esto se consigue enumerando todos los enunciados (lo que quiso decir) colocándolos en el exacto orden en el que los dijo. También se puede aprovechar esta etapa para saber si se habla de ideas, de sentimientos, de personas o de hechos. A partir de aquí, querido lector, se pueden hacer varias tareas.
La cantidad de veces que se repite un enunciado indica la importancia de ese tema: es una relación directamente proporcional. El orden también muestra el papel que juega lo que se dice. Dependiendo del contexto, lo primero, lo central o lo último es lo más importante. Generalmente, si es que lo hay, lo emotivo se deja para el final. Es la idea o sentimiento que se quiere dejar sembrada en quien lo escucha.
Además de la repitencia y del orden del contenido también se debe examinar en qué nivel fueron expresadas las ideas: en concreto o en abstracto; subjetiva u objetivamente y si se trata de una expresión literal o de una inferencial. Eso se descubre de una manera muy simple: identificando los sustantivos y contado cuántos son observables y medibles. ¿Se dice solamente el qué? ¿O también se muestra el cómo?
Otro punto de análisis es si las expresiones fueron formuladas en positivo o en negativo. Y si se niega, ¿la negación es para sí mismo o para alguien más?, ¿qué se niega? La respuesta a esta interrogante no generará una situación unívoca, todo dependerá del contexto.
En el caso particular de los discursos políticos es importante identificar los tiempos verbales: pasado, presente y futuro. Cada uno de ellos puede dar información distinta. ¿Por qué se habla del pasado? ¿Por qué se habla del presente? ¿Y por qué se habla del futuro?
Estos son solo algunos elementos claves para conocer al menos parcialmente el discurso de las personas, cualquiera que sea su rol dentro de la sociedad. En el fondo se trata de intuir por lo menos la verdad y las últimas intenciones de los hablantes. Las palabras son tan nobles que se delatan las unas a las otras cuando no hay sinceridad en ellas. Y, evidentemente, brillan en medio de la luz y de la honestidad.
Es raro que en un país que se cuestiona tanto se haga tan poco análisis, o por lo menos se muestre tan poco. Para no juzgar interioridades. Cuestionar no se trata de hacer comentarios infecciosos, extáticos, biliares o ensañados. Se trata de hacerse unas cuantas preguntas y analizar los hechos. Analizar el discurso no salvará el mundo, apenas nos hará vivir un poco mejor o, por lo menos, un poco más tranquilos sabiendo quién dice qué y con qué intención. Ad Astra per aspera.