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Diálogo como solución

Pasadas las celebraciones de Navidad, los hondureños nos preparamos para despedir al año actual y recibir un año nuevo, con la ilusión de que el conflicto que nos dejara las elecciones generales del pasado mes de noviembre podrá ser resuelto por los líderes políticos mediante el diálogo de altura y actuando como estadistas. La realidad es que la mayoría de la población no quiere revivir el clima de enfrentamiento, violencia y zozobra que afectó muchas zonas del país a inicios de este mes.

Es importante que todos los involucrados en la solución del actual conflicto demuestren responsabilidad social y respeto hacia los demás y traten de llegar a un acuerdo para bien de Honduras y de todos sus habitantes, dejando a un lado sus intereses personales y sus ambiciones de poder.

Hasta tanto no se llegue a una solución, aquellos que deseen seguir expresando su inconformidad deben hacerlo respetando los derechos de los demás. La Constitución de la República claramente expresa en su artículo 59 que la persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado. Todos tienen la obligación de protegerla. Complementariamente, en su artículo 61 la Constitución garantiza a los hondureños y extranjeros residentes en el país el derecho a la inviolabilidad de la vida, a la seguridad individual, a la libertad, a la igualdad ante la ley y a la propiedad.

En su artículo 62, claramente estipula que los derechos de cada hombre están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bienestar general y del desenvolvimiento democrático. Los hondureños debemos vernos como hermanos y, a pesar de las diferencias que puedan existir, debemos tratar de relacionarnos y entendernos entre nosotros, basados en el respeto, la tolerancia y el perdón, entre otros, siendo consecuentes con las ideas y costumbres de otras personas. No nos dejemos guiar por la confrontación y el odio infecundos.

Al expresar nuestras protestas debemos tener presente que la tolerancia es un factor fundamental para la convivencia armónica y se basa en el respeto hacia la forma de pensar y de actuar de otras personas. La tolerancia implica el respeto íntegro hacia nuestros semejantes, hacia sus ideas, prácticas o creencias, independientemente de que se contrapongan o sean diferentes de las nuestras. Debemos reconocer que los seres humanos tenemos diferentes formas de pensar y actuar y que, en aras de la convivencia armónica, debemos tener una mente abierta para aceptarlo, sin recurrir a actos violentos o que atenten contra la vida o los bienes de los demás.

Todo conflicto, independientemente de su naturaleza, se resuelve mediante el diálogo y la comprensión, participando con una mentalidad positiva e imbuida del propósito de llegar a un acuerdo para bien de las mayorías. Como el origen del actual conflicto es político, resulta evidente que los líderes políticos tienen que sentarse a una mesa de negociación para llegar a acuerdos que sean de beneficio no para ellos en lo particular, sino que de la mayoría de los hondureños y fortalezcan la gobernabilidad del país. Llegado a este acuerdo, entonces todos los sectores de la sociedad tienen que participar en un diálogo nacional para sentar las bases del desarrollo económico y social equitativo y acordar las reformas que desde hace algún tiempo están en el tapete de la discusión, como ser la elección de los magistrados al Tribunal Supremo Electoral, la ciudadanización de las mesas electorales y otros.

Igualmente, es necesario convocar en legal y debida forma a un plebiscito para consultar la opinión de los ciudadanos sobre la reelección y en caso positivo, si se desea por una sola vez, continua o alterna, para luego incorporar las reformas a nuestra Constitución, si ese es el mandato recibido.

Debemos evitar a toda costa estas crisis recurrentes a las que nos someten los intereses políticos de tiempo en tiempo y que ponen en riesgo la vida de las personas y afectan negativamente a la mayoría de los ciudadanos en sus diarias actividades, además de desincentivar la inversión productiva. No sigamos cometiendo los mismos errores