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Dar un paso al costado

A veces ocurre en el béisbol que cuando un pícher no está cumpliendo las expectativas del entrenador, este sube al montículo y le pide la bola. El gesto significa pedir al lanzador que de un paso al costado y sea relevado por otro que sí cumplirá con su labor. En estas circunstancias es natural sentir una resistencia a ceder el protagonismo del juego, sin embargo, por el bien del equipo, un pícher sensato entenderá con humildad que lo mejor será obedecer. A veces se dan casos en que un pícher en concreto no entienda la decisión y reaccione molesto. Pero está claro que aferrarse al puesto, querer mantenerlo a como dé lugar, es la peor decisión pues mostrará al entrenador una actitud que pone en evidencia, de inmediato, a un mal deportista. A veces saber perder y reconocer la propia incapacidad es la mejor estrategia cara a responsabilidades futuras.

Platicando con algunos amigos sobre la prolongación de la cuarentena y de las posibles salidas de este laberinto de pandemia, sacábamos la conclusión, tal vez superficial, de que pareciera que simplemente estamos aguantando la respiración debajo del agua y esperando a que pase la ola sin que cause daños excesivos. Los intentos de plantear soluciones proactivas se han ido esfumando al ritmo de la pérdida de prestigio de algunos de los protagonistas y sobre todo de los sonados casos de corrupción, que en estas circunstancias claman al cielo.

Es verdad es que no existe sistema hospitalario en el mundo preparado para esta crisis. Pero también es cierto que muchos países están consiguiendo salir y además con medidas económicas que parecen más razonables que las nuestras. Tal vez solo es cuestión de malas impresiones o de errores en la comunicación. Sin embargo se percibe cansancio, ausencia de ideas, falta de creatividad y, sobre todo, inexistencia de un liderazgo creíble que consiga juntar a todos los sectores para evitar la propagación de esta mortal enfermedad que nos tiene de rodillas desde hace más de cuatro meses.

El sector formal, las personas que cuentan con un poco más de medios y de educación desde hace meses procuran vivir las indicaciones de bioseguridad. En este sector existen contagios, pero se podría decir que no constituyen el foco de la emergencia sanitaria que estamos viviendo. Si se abriera la economía, es mucho más probable que este sector obediente siguiera las indicaciones y los contagios estarían más controlados.

En cambio, contamos con otro grupo mucho más vulnerable. Se trata del amplio sector informal que nunca ha parado de operar, más por necesidad y por hambre que por mala voluntad. Para estas personas la indicación “Quédate en casa” no significa nada. Urge un plan que convoque a todos los sectores para brindar a los más necesitados un soporte de educación y sobre todo de recursos que les faciliten vivir las medidas que prevengan los contagios. Desde hace mucho nos dimos cuenta que con ellos más que medidas coercitivas necesitan acciones concretas de ayuda humanitaria para brindarles alimentos, medicinas, gel y mascarillas.

No saldremos de forma automática de la crisis. No saldremos con posturas autosuficientes, excluyentes y autoritarias. Hace falta conjuntar a los hombres mejor preparados desde el punto de vista moral y profesional. Tal vez haría falta también pedir, por el amor de Dios, que algunos den un paso al costado y entreguen a otros más capaces la tarea de ayudarnos a salir juntos de esta crisis.