Un tema actual y de debate nacional en materia de seguridad ciudadana tiene que ver con los mecanismos psicosociales que naturalizan el fenómeno de la violencia y criminalidad e insensibilizan a las personas respecto a su tipología.
En algunos departamentos y municipios del país, los ciudadanos aprenden a convivir con ciertos niveles de violencia y desconocen la afectación surgida por la crisis del sistema de seguridad y el alto grado de corrupción e infiltración del crimen organizado, lo cual es una muestra de la falta de capacidad del Estado para supervisar y gestionar los resultados de las instituciones que tienen la responsabilidad en la mejora de la convivencia pacífica.
Analizar el número y la tasa de homicidios como único indicador para medir la situación del país, nos limita al valorar otros delitos que afectan a las familias y producen altos porcentajes de suicidios, eventos de tránsito, muertes no intencionales y lesiones interpersonales que ocurren por la falta de medidas y controles adecuadas para prevenirlos; en tal sentido, son importantes las acciones que desde el gobierno se impulsen para controlar, disuadir, combatir el delito y prevenir la violencia.
Cuando se analiza el tema, debemos tener la claridad conceptual de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) cuando define la violencia como “el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, en contra de otra persona o de un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos y privaciones”. En resumen, la intencionalidad que una persona tenga para la comisión de un delito es el resultado del uso desigual del poder que con amenazas, intimidaciones o por omisión, se ejerce hacia otros o uno mismo.
El control y la disuasión del delito son una parte importante de la seguridad ciudadana, pero también se debe trabajar en estrategias de prevención, generación de oportunidades e inversión para erradicar los factores estructurales que promueven y avalan la violencia.
*Directora del Observatorio de la Violencia de la UNAH