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Contagiarnos y contagiar el afecto

Viajábamos con un amigo por una carretera de mi país en dirección a una mina donde se extrae zinc y plomo. Por razones de trabajo visitaríamos a los ingenieros que trabajan allí y además tomaríamos nota de algunos posibles proyectos. Entre vueltas y revueltas del camino, conversando de todo lo trascendente y prosaico de la vida, en un momento de expansión me dijo: “Lo que esta pandemia nos ha enseñado es que el dinero es importante pero no lo más importante. Lo que necesita más la gente en este momento de contradicción es afecto”. La frase salió en la conversación con motivo de varios conocidos suyos que enfermaron de covid, tenían el dinero para recibir un tratamiento pero para algunos de ellos esto no fue suficiente. Consiguieron superar la enfermedad gracias a la ayuda y la atención de sus compañeros de trabajo y familiares.

A partir de allí, mi compañero de viaje me fue contando cómo procura estar pendiente de sus amigos en mayor necesidad para hacerles una llamada, preguntarles por su estado de salud y sobre todo ponerse a sus órdenes para hacerles servicios como por ejemplo llevarles una provisión de comida a su casa o comprarles una medicina, etc. Luego resultó que en la visita me di cuenta que varios de los que habían recibido estas atenciones de mi amigo eran algunos de los ingenieros que fuimos a visitar y se habían enfermado por el covid.

“La caridad es la principal fuente de credibilidad y de autoridad. Una persona que se siente querida y ayudada recibe fácilmente los consejos, incluso aquellos que le es difícil poner por obra; percibe en la práctica –quizá sin hacerlo reflexivo– la benevolencia de quien se los da”. En esas relaciones percibí la confianza con que trataban a mi amigo estas personas que habían sido objeto de su preocupación sincera.

En estos meses tal vez todos hemos tenido cerca a personas que han sufrido la pérdida de un familiar. O quizá conocemos a varios o muchos que han perdido su trabajo. Otros quizá estarán sufriendo la ansiedad de un futuro económico incierto. El aislamiento debido a la pandemia puede tener a algunas personas mayores de edad tal vez sumergidos en la soledad y con necesidad de cariño y atención. Qué bien nos haría tener en cuenta y poner en práctica ese consejo de estar pendientes de hacer una llamada telefónica para mostrar interés por los demás y ver la forma de prestar pequeños servicios como los practicados por mi amigo.

Para que sean eficaces el amor y el afecto tienen que ser gota a gota, en otras palabras, la preocupación sincera debe ser constante. Si todos los días nos empeñamos en interesarnos por las necesidades y problemas ajenos, si nos esforzamos por ser más delicados y amables con todos, si ejercemos la caridad y la solidaridad con los que sufren y están más necesitados, estos días de pandemia serán una gran escuela que nos transformará el corazón poco a poco. Dentro de lo malo surgirá lo bueno. Poco a poco transformaremos la sociedad y sacaremos de la oscuridad a muchos que están sumergidos en la queja o en el pesimismo.

Buenas acciones mueven a otras buenas acciones. Ninguno de nosotros es inmune al cariño sincero expresado de mil formas diferentes. Tal vez este es el nuevo virus del que necesitamos contagiar y ser contagiados unos por otros.