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Bukele, mileniales y de Pulgarcito a Sansón

Con su triunfo electoral rompió el bipartidismo que la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FLMN) -que lo expulsó en 2017- habían mantenido por décadas en el pequeño país centroamericano, considerado uno de los más violentos del mundo.

La prensa internacional ha sido particularmente generosa con este nuevo mandatario, descomplicado e informal que acaba de posesionarse y que ha hecho renacer, de una manera inusitada, la esperanza por mejores tiempos y a obligar a que los ojos de la comunidad internacional se vuelvan a esa nación -en la garganta de América-, reconocida por sus movimientos sísmicos y sus volcanes, pero también por la calidad de su café y la hermosura de sus playas sobre el Pacífico.

Nayib Bukele, rodeado de un halo casi que providencial, de ascendencia semita, ha convocado el interés de la comunidad de la región y del mundo por la gigantesca tarea de reconstrucción nacional para “refundar” a su país, sumergido en la ancestral corrupción, nepotismo y pobreza de sus gentes. Su particular estilo, según los especialistas, que caracteriza a los mileniales —su pragmatismo y su estrecha familiaridad con las tecnologías digitales-, lo ha desplegado sin cansancio desde su posesión: destituyendo a funcionarios corruptos, en una urdimbre innombrable de nepotismo, en todas las instancias del gobierno.

De idéntica forma, también desde su celular, para hacer honor a una de las principales características de esta generación, nacida entre 1982 y 1994, ha tomado decisiones cruciales, sobre asuntos ídem, que en forma impune y cómplice, habían sido mantenidas “congeladas” por los gobiernos precedentes, una de ellas, la de la denuncia y enjuiciamiento de los militares responsables de la recordada Masacre de El Mozote, en la que murieron más de 800 salvadoreños, entre hombres, mujeres y niños.

La creación de la Comisión Internacional contra la Impunidad, la lucha contra las peligrosas pandillas de las maras —que han hecho metástasis a países de la región, como encarnación de criminales redes de extorsión y tráfico de drogas-, la apremiante necesidad de diseñar una vigorosa política de fronteras, en lo que EE UU ha llamado el Triángulo Norte (con Guatemala y Honduras), su abultada deuda externa que sobrepasa el 70 % del PIB, y el desempleo creciente, son sus desafíos más apremiantes.

No obstante, a pesar de este oscuro panorama, todo parece indicar que momentos, tiempos y circunstancias se han alineado, por fin, a favor de Bukele para que El Salvador irrumpa con la fuerza de Sansón en el escenario de América Latina. Que ojalá los auspiciosos términos del impactante discurso del reconocido líder espiritual Dante Gebel, el día de la posesión, se cumplan para el bien de todos los salvadoreños.