olombia y Estados Unidos se han encargado de alegrarle los oídos a Luis Almagro para una reelección en la Organización de Estados Americanos (OEA), sin embargo, Almagro llega al final del período en el organismo hemisférico con una pesada deuda, dadas las contradicciones en las que el mismo ha suscitado, incluso, reconociendo y admitiendo con plenos derechos en el seno de la organización al representante de Guaidó, que le ha generado críticas de algunos países del Caribe. Los esfuerzos de Almagro por agenciarse un segundo período en la OEA han sido visibles.
Él sabe que contar con el apoyo de los Estados Unidos en su propósito es una garantía de lograr apoyo de los gobiernos conservadores de la región, por eso, no ha escatimado esfuerzos en impulsar una política de hostilidad y agresión en contra de gobiernos progresistas del continente, especialmente contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Sin pruebas y haciendo acopio de conceptos propios de la vetusta guerra fría, ha dicho que Cuba exporta “mecanismos de terror” a Nicaragua y Venezuela.
No obstante lo anterior, Almagro no es una pieza de entera confianza para la derecha latinoamericana. En Bolivia los representantes del conservadurismo han rechazado las valoraciones que el candidato a la reelección de la OEA ha hecho con respecto al continuismo de Evo Morales y seguro que lucharán en contra de sus pretensiones de continuar en la Secretaría General de la OEA. En el conflicto vivido por Honduras, después de las elecciones de noviembre del 2017, mantuvo una posición de no reconocer el proceso electoral llevado a cabo en el país y su recomendación fue que se repitiera el escrutinio donde salió reelecto el actual presidente de Honduras, sobre este tema no ha mantenido contundencia. La OEA, raras excepciones, ha manejado una agenda ideológica, no ha servido para impulsar el desarrollo de las naciones. En el propósito de servir a los intereses de los Estados Unidos, abandonó principios claves de su Carta de fundación, en la misma se señala que “la Organización de los Estados Americanos no tiene más facultades que aquellas que expresamente le confiere la presente Carta, ninguna de cuyas disposiciones la autoriza a intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros”. Principio este que ha sido violado insistentemente.
La OEA ha sido reducida a una agencia de quejas o, en todo caso, se ha convertido en una mega ONG. Es sorprendente cómo siendo este organismo una representación de los Estados, es frecuente que personas y organizaciones de la sociedad civil sean recibidos haciendo propuestas sobre políticas públicas, cuyas quejas deberían ser canalizadas a través de la institucionalidad de cada país. Su cambiante discurso en torno a los problemas que tiene el continente lo hace presentarse como una persona insegura, inestable y de poca confianza. Es probable que al final quien decide en la OEA, que es la nación del norte, tenga un as bajo la manga, una persona que sin titubeo pueda garantizarle mantenerla con bajo perfil o como un instrumento de confrontación ideopolítico.