Columnistas

A socarnos la faja todos por gasolinas

No queda otra salida que, ante el ascenso del crudo en el mercado internacional, todos los hondureños deberán apretarse la faja y educarse el bolsillo paras ahorrar combustibles pues el gobierno está sin salida por los agites de guerras en el Medio Oriente, coadyuvados por la devaluación, la caída del precio del café y la merma de las remesas.

Este bombardeo económico no solo dispara la canasta básica, sino que provoca una silenciosa inflación que golpea sin distingos. Cuando se sufre una vorágine de tal naturaleza los “notables” “arreglan” la crisis. El bateo de productos es en todo el mundo con el contraste que aquí nadie se hace garante de sus pasados ni de sus abusos.

Mientras el Banco Central de Honduras (BCH) retoza y afirma que el valor de las gasolinas se disparó por el trance geopolítico más el fuerte gasto de carburantes en Estados Unidos ante la llegada del intenso verano en esa nación. No hay que ser versado para saber que el petróleo influye en las economías más sólidas, las vuelven volátiles. ¡Brujos!

Nos golpea todo. Se nos cayó la moneda sin cura. Más de veinticuatro lempiras por un dólar subirá la inflación en dos puntos porcentuales. Pasaría de 4.20 (datos oficiales) a casi siete puntos o más, según duchos. El BCH tiene cifras mesuradas y unos críticos –otrora comelones de ese ente- no poseen moral para reñir el aprieto que nunca ordenaron. ¡Farsantes! Cada quien tiene su cuento.

Opuestos al régimen azul nos hablan muy mágicos. Siendo funcionarios violaron lo público, pasearon por tierra y aire con gasolina ajena. Idearon el “hoy no circula” que fue un fiasco para los faltos, pero una fortuna para ellos, otro premio a su frescura. A estas alturas, los astutos salen más caros que un barril del crudo.

Estamos sitiados por sinfín de trabas y vivos. Las gasolinas por las nubes. Calmemos las penas con café caro o barato. Cambiemos rutas en eras de angustia.

La tutela de Juan Orlando Hernández Alvarado debe probar y domar al máximo sus gastos y cortar de tajo el insolente uso de carros oficiales. Para exigir se debe mostrar ejemplo, juicio y decoro.