Hace seis décadas, exactamente el día domingo del 3 de octubre de 1963, efemérides consagrada a evocar el nacimiento del más grande prócer nacido en el istmo centroamericano, a diez días para que la ciudadanía concurriera a las urnas para escoger al sucesor del presidente José Ramón Adolfo Villeda Morales (1908-1971, Nueva Ocotepeque-New York), fue derrocado por el más sangriento golpe de Estado de nuestro trágico y dramático pasado, lejano y cercano, con ello interrumpiendo el gradual aprendizaje democrático del pueblo hondureño. Muchas interrogantes aún perduran respecto a los entretelones y motivaciones que motivaron tanto al entonces coronel Oswaldo López Arellano, ministro de Defensa, respaldado por el Partido Nacional y cierto sector empresarial, para defenestrar al compatriota electo por la Asamblea Constituyente en 1957 en elección de segundo grado.
Las reformas implementadas durante su gobierno: Ley de Reforma Agraria, Código de Trabajo, que contaron con el respaldo de la Administración Kennedy y su programa para América Latina, Alianza para el Progreso, como respuesta a la Revolución Cubana, apertura con la dirigencia obrera y empresarial de la costa norte, creación de la Guardia Civil en respuesta al respaldo de la Policía Nacional a la intentona golpista de Armando Velásquez Cerrato el 12 de julio de 1959, financiado por el dictador Somoza, constituyen algunos elementos explicativos de su defenestración, ya que las mismas encontraron el rechazo de la United Fruit Co., el empresariado urbano y rural conservador ante la creación de sindicatos obreros y las recuperaciones campesinas de tierras, el Partido Nacional y la alta oficialidad del Ejército, que otorgaba su lealtad al caudillo Tiburcio Carías, opuesta a la organización de un cuerpo armado distinto a las Fuerzas Armadas y bajo control civil, inspirándose en la abolición del Ejército costarricense en 1950.
¿Por qué semanas antes del golpe fue desarmada la Guardia Civil cuando ya corrían rumores de golpe? ¿Informó previamente López Arellano a Villeda Morales que sería destituido? Si es así, ¿estaba este de acuerdo con tal acción, coincidiendo con aquel que no podía acceder al poder, el candidato liberal Rodas Alvarado, percibido como proclive al revanchismo político de acceder a la presidencia de la nación? ¿Cuál fue la participación del asesor legal de las Fuerzas Armadas, Ricardo Zúñiga, en los preparativos golpistas y en su consolidación? ¿Contó la caída del gobierno villedista con el visto bueno de Washington cuando aun no había sido asesinado Kennedy?
“Alta es la noche y Morazán vigila”, con esa cita del poeta comunista Pablo Neruda se emitió la proclama justificativa del golpe, que acusaba al gobierno destituido de estar infiltrado de “elementos de extrema izquierda”. La toma castrense del poder fue inicialmente resistida por efectivos de la Guardia Civil, que, contando solamente con pistolas, intentaron oponerse a fuerzas verde olivo con sed de venganza por enfrentamientos previos entre ambas instituciones en diversos puntos del país y provistas de armamento superior en cantidad y calidad al de los defensores de la constitucionalidad. La revista inglesa The Economist estimó que unas 500 personas perecieron en la capital y el interior hondureño.
El divisionismo al interior del Partido Liberal quedó nítidamente evidenciado cuando prominentes militantes apoyaron a las nuevas autoridades y formaron parte del nuevo régimen, en tanto otros, con Villeda a la cabeza, fueron enviados al exilio y encarcelados.