“Cenando con Mugabe” es un libro escrito por la periodista sudafricana Heidi Holland, publicado por la editorial Punto Cero. Una historia conmovedora y a la vez aterradora sobre la vida del libertador de Zimbabue (antigua Rodesia), Robert Mugabe, un personaje paranoico, enigmático y calculador que con el transcurso de los años pasó de ser un héroe nacional idolatrado a un tirano despiadado, odiado y temido por su pueblo.
Un gobernante que cuando asumió el poder en 1980 a este país se le conocía como “el granero de África” por su prosperidad agrícola, era uno de los países más prósperos de África. Además de ser autosuficiente en producción agrícola y pecuaria, exportaba sus excedentes a otros países del continente y donaba toneladas de alimentos para combatir las hambrunas en el Cuerno de África.
Tres décadas después es un país quebrado y en ruina, importa el 90% de la comida que consumen sus 12 millones de habitantes y más de la mitad de la población sufre hambre. La crisis económica es de tal magnitud que hace poco el ministro de Finanzas informó que no habían recursos ni para pagarles los suelos a los funcionarios del Estado, porque solo se contaba con 217 dólares en las reservas bancarias y, además tiene la mayor inflación en el mundo.
Holland hace en este libro una radiografía bien documentada y profunda sobre la vida de Robert Mugabe, desde su niñez, donde muestra cómo este personaje es una prueba de los grandes problemas que aquejan a las nacientes democracias africanas. Analiza con sabiduría y ecuanimidad cómo este hombre que salió de la más espantosa pobreza con esfuerzo se convirtió en un héroe genuino, un ídolo guerrillero y uno de los líderes más eruditos de África.
Un líder que logró derrotar al régimen de la supremacía blanca y durante los primeros diez años de gobierno, a pesar de las medidas represivas y de la creación de un régimen de partido único, fue considerado uno de los líderes más progresistas de África en la era poscolonial.
Un hombre idolatrado por un pueblo que soñó que con él tendría un futuro mejor, pero ahora está desencantado, en virtud de que sigue ahogado en la pobreza, la desventura y bajo un régimen de represiones y violaciones de los derechos humanos.
En opinión de Holland, Mugabe es un déspota que no ha hecho otra cosa que perpetuar la corrupción del colonialismo y utiliza el factor tribal y la tortura para asesinar, aniquilar, encarcelar, exiliar y proscribir a los opositores del régimen. Uno de los grandes enigmas de este octogenario que lleva 33 años en el poder es que cuando asumió el gobierno, tenía el mundo a sus pies, pero perdió la brújula como consecuencia de su corrupta y sanguinaria tiranía.
Holland demuestra cómo, ante el fracaso de su política de distribución de tierras, una de las promesas de la campaña libertadora; estructuró sigilosamente una política con tinte racial de invasiones de las tierras de los agricultores blancos por los veteranos de guerra y seguidores del partido de gobierno, que destruyó la prosperidad agrícola y precipitó el colapso de la economía del país.
Plantea que Mugabe puso en marcha un racismo idéntico al de la era colonial, donde una minoría de su círculo íntimo se ha convertido ilícitamente en la nueva élite rica del país. Élite que discrimina y segregan a blancos y negros como en los peores períodos de la Rodesia colonial.
Hace un interesante paralelismo entre el racismo de Ian Smith, el último gobernante colonial y el de Mugabe. Sustenta que ambos como dictadores tienen en común ser antidemocráticos, autoritarios, represivos, beligerantes y racistas. La única diferencia entre ellos es que Smith lo hizo defendiendo la supremacía blanca y Mugabe la hegemonía negra.
Concluye que Mugabe ha sostenido su régimen sobre las mismas estrategias despóticas que utilizaban los colonizadores que él tanto rechazó. Un libro que recomiendo leer porque describe la grandeza y la decadencia de un gobernante que a los 89 años sigue embriagado por el poder y se considera un iluminado irremplazable.