La devastación provocada por el huracán Sandy a su paso por el Caribe y la costa atlántica de Estados Unidos ha recibido cobertura mediática desigual: si en su trayectoria por las islas antillanas provocó un saldo de sesenta víctimas fatales, en su recorrido por el litoral este norteamericano el número de muertos fue menor, pese a impactar en concentraciones urbanas con alta densidad demográfica, y combinarse, simultáneamente, tres fenómenos meteorológicos: un frente frío, altas mareas y vientos racheados.
La vida humana debe merecer el mismo valor, sea que ocurra en el Tercer como en el Primer Mundo, independientemente de su filiación étnica o su posición socioeconómica. Pero es evidente que la prevención juega un papel clave en reducir el número de víctimas y daños materiales. Un caso extremo ocurre en Haití, donde la deforestación total origina deslizamientos e inundaciones catastróficas, a causa de la acción depredadora del hombre. También Honduras experimentó dramáticamente esa tala de bosques.
Es evidente que a medida aumenta el calentamiento del globo terráqueo la frecuencia de los extremos climáticos se profundiza, impactando de múltiples maneras en la supervivencia humana sobre el planeta: elevando las temperaturas, arruinando cosechas y con ello elevando los precios de los alimentos al escasear su disponibilidad, reduciendo las fuentes de agua, generando epidemias al ocurrir una mayor contaminación de la atmósfera, de los suelos y del recurso hídrico.
Estados Unidos y China son las dos naciones que, por sus industrias, más monóxido de carbono lanzan a la atmósfera, por lo que compete a ellas asumir el liderazgo efectivo en reducir los niveles de envenenamiento ambiental. Resulta paradójico que algunos científicos y políticos, en su afán de proteger a determinadas empresas como las energéticas y las automovilísticas, niegan la existencia del calentamiento del planeta.
La Tierra cobra su revancha y pasa la factura en proporción directa al saqueo y acción depredadora del hombre, por lo que el futuro de la especie humana es incierto en tanto continúe ese afán de privilegiar la riqueza material -cada vez más concentrada en menos manos- por sobre la supervivencia de la vida, en sus múltiples y maravillosas manifestaciones.
La solidaridad debe prevalecer sobre el insaciable afán de lucro, que conduce al suicidio colectivo.