Carretera al occidente del país, en el departamento de Santa Bárbara, a 127 kilómetros, desvío del Virrey, Sabanetas y Las Varas, subiendo “La Cuesta de los Fierros…, pasando por el altiplano de Piladeros y Trascerros, y allá, escondida, atrás de ‘Norberta’”, está el Mirador de los oreños.
En El Oro inició mi labor educativa. En la escuelita Juan Lindo, con los seis grados de primaria.
Algunos estudiaron para maestros: Elsita, Delmy, Paulita y Carmen Díaz.
Con la ayuda de los padres, un templo de Minerva se levantó y mucha gente colaboró, entre ellos don Fidencio, Vivian y Fernando, don Alonso, Carlos Alberto y muchos otros más.
Y El Oro, allá está…
Explotados sus minerales, allá por los años 20, con una tradición que alegra de San Isidro, su feria patronal.
El Oro, comunidad pequeña, con reducida población.
Su escuelita Juan Lindo, completa de seis grados, está hoy a cargo de maestros que son los responsables de la formación de los futuros ciudadanos.
Con dos quebradas de cristalinas aguas, una arrastra arenas auríferas, una roca de tres toneladas, en el espacio de entrada a la finca de María Cristina: la roca contiene oro y jamás lo han explotado.
Así se encuentra El Oro, entre las rocas y en el barro, a orillas de barrancos, y en el fondo de la poza, de “La Argollada”, en el santabarbarense municipio de Nueva Frontera.
Su geografía taladrada por túneles verticales y horizontales, que son silenciosos testigos de una época pasada, de esplendor y riqueza.
Ahora, el cultivo de café se impone al de los granos básicos y el comercio.
El Oro está en espera que se construya la carretera y la cuarta aduana con Guatemala para acortar distancias y agilizar el comercio entre dos países hermanos.
De esta manera, señores, se habilitará el desarrollo entre Honduras y Guatemala, produciendo y exportando, evitando el contrabando tanto del café y granos básicos como del ganado en pie.