¿Cuán importante es que las personas se mantengan socialmente distanciadas?
Aun mantenidos bien separados de todas las personas voluntariamente para paliar en lo posible esta situación del Covid-19, siempre se está dando el contagio masivo.
Esta arbitrariedad está configurada de tal modo, en el futuro nuestra población habrá de concentrase en industrias y tráfico urbano o interurbano, se marcará un distanciamiento social que ya estaba establecido, se da por la naturaleza, a no ser una familia que siempre está unida aun en la adversidad.
Vivimos en un continuo y proliferado ambiente de construcción de muros para impedir entradas no deseadas y reforzar las distancias entre el bienestar y la pobreza.
Al final hemos acabado todos encerrados en casa. Y no es novedad. “El mundo ha cambiado y quizás nunca más estrechemos la mano o besemos a las personas que encontramos”, he oído decir a menudo estos días.
Y el tono revelaba siempre orgullosa resignación.
Es “la distancia social” convertida en palabra mágica.
La reclusión como ensayo de la desaparición de los cuerpos en el seno de la familia dio un giro inesperado.
Sin embargo, mantenerse físicamente alejado de los demás es una de las formas más efectivas en este momento para combatir la propagación del coronavirus.
Por supuesto, hacerlo va en contra de los deseos de conexión y contacto físico de las personas, y podría contribuir a sentimientos de ansiedad, soledad, miedo y dolor que podrían crear otra crisis: una de salud mental.
En un momento de incertidumbre y miedo la distancia social es una contradicción en los términos: lo social no se construye en la distancia sino en la proximidad. Lo que podría poner en peligro la salud física de las personas muy cercanas a la distancia social, en lo político esa será su proposición a seguir. El extraño siempre será extraño, por extraño que sea.