Cartas al editor

Comunicación no violenta (II)

Una vez que se han identificado los sentimientos de la otra persona, se harán preguntas para averiguar qué es lo que necesita para resolverlos en caso de que se esté viviendo un conflicto o un problema.

A veces se pueden inferir las necesidades de alguien con la mera observación, pero a veces es necesario ir más allá y con mucha compasión formular cuestionamientos claros para conocerlas.

“¿Usted se siente abatido y lo que quiere decir es que necesita unas vacaciones para descansar?”, podría ser una pregunta de ejemplo.

Al conocer la necesidad, se podrá proceder a permitirle a la otra persona pedir aquello que ella considera indispensable para suplir esa necesidad.

Siguiendo el ejemplo anterior, se motivará a la persona a que dialogue para hacer concreta su petición. “¿Cuándo estaría listo para tomarse unas vacaciones?”, se le puede preguntar.

Este modelo de los cuatro momentos de la CNV: observar, sentir, necesitar y pedir, se puede aplicar también con uno mismo de una manera intrapersonal para resolver conflictos internos, aplicando siempre la empatía y la compasión.

Para que este modelo funcione, Rosenberg advierte que se debe evitar lo que él llama “la comunicación que aleja de la vida” que está constituida por juicios moralistas, comparaciones, negación de la responsabilidad y exigencias.

“La comunicación que aleja de la vida surge de las sociedades jerárquicas y las sustenta, puesto que el buen funcionamiento de dichas sociedades depende de contar con un gran número de ciudadanos dóciles y obedientes. En cuanto nos ponemos en contacto con nuestros sentimientos y necesidades, dejamos de ser esclavos y subalternos”.

Rosenberg dice que hay mucha menos violencia en aquellas culturas en las que la gente tiene en cuenta las necesidades de los demás que en aquellas donde se etiqueta a las personas con el calificativo de “buenas” o “malas” y se está convencido de que las “malas” merecen castigo.