Siempre he creído con firmeza que brindar opiniones verbales o escritas a través de los medios de comunicación entraña una enorme responsabilidad que se debe asumir con profesionalismo, ética y patriotismo, poniendo a Honduras por sobre cualquier sesgo ideológico, político o interés particular.
Por ello, es interesante observar que al acercarse el día de las elecciones algunas personas, más que análisis electorales, vierten opiniones personales, pasionales, hablan con el corazón y no con el intelecto, como corresponde a intelectuales honestos.
Lamentable es que muchos de los opinólogos son colegas, cientistas sociales de algunas universidades estatales que, ante el micrófono o las cámaras, abandonan los libros, las teorías y el rigor del análisis académico para caer en puras opiniones de activistas.
Expresan medias verdades, deliberadamente destacan solo lo que se acomoda con sus inclinaciones políticas, adecuan la realidad para quedar bien con aquellos que pueden materializar sus aspiraciones de alcanzar, en el futuro inmediato, algún puesto público.
Hace pocos días me correspondió alternar en una entrevista con un sociólogo, me quedé atónito al escucharlo decir, sin argumentación teórica alguna, que el Partido Libre representa el cambio en Honduras.
Cualquier estudiante de primer año de sociología o ciencia política sabe que no puede haber cambio sin teoría y en ese nuevo partido lo que hay es una mezcolanza ideológica sin un norte definido.
Los observadores internacionales que visitan el país coinciden en señalar que ese partido lo que tiene de nuevo solo es el nombre, una candidata mujer y una bandera roja que imita consignas “made in Venezuela”.
No hay allí una propuesta de izquierda seria, con sustentación teórica, son puras consignas gremiales. Este nivel de análisis lo evaden algunos analistas del acontecer nacional.
El referido sociólogo dijo además que la presente campaña no tiene contenido ideológico y los que afirmamos lo contrario estamos viendo “fantasmas” del pasado.
Recordemos que las ideologías son sistemas de pensamiento en torno a temas definidos, son visiones del mundo que nos rodea, aunque sea fragmentada y anárquica.
Claro que hay elementos ideológicos en esta contienda. Libre pretende retroceder al pasado e instaurar un Estado paternalista, interventor de la economía y populista, entendido como derrochador irresponsable de los exiguos recursos del gobierno en acciones que le permitan crear y afianzar una base de apoyo en sectores de la sociedad beneficiados con dichas medidas.
Esta es una visión contraria al Estado Republicano Liberal que se intenta construir en Honduras, esto es ideología. En el discurso del Nacional Coliseum, la candidata de Libre claramente dijo “vamos a revaluar la moneda nacional, vamos a aumentar los salarios de los trabajadores y a bajar el precio de los combustibles”. ¿Acaso no es esto el retorno al fracasado Estado interventor al estilo Venezuela o Cuba?
Los intelectuales zelayistas evaden el debate ideológico porque en ese terreno tendrían que desnudarse, darse a conocer y eso los haría caer aún más en las preferencias del electorado. Han disfrazado el discurso para presentarse como demócratas e inofensivas palomas.
Así lo hizo “Mel” Zelaya cuando afirmaba que no buscaba quedarse en el poder, pero días antes de su separación dijo que la Constituyente revisaría el tema de la reelección indefinida del presidente.
De estas contradicciones y ocultamientos de la verdad no se ocupan algunos analistas que aparentan independencia de pensamiento, pero que llevan puesta la camiseta de Xiomara.
Con esa falta de honestidad intelectual no ayudan a su partido ni menos al país, que demanda a gritos las mejores propuestas y personas honestas para salir de la crisis actual.
Hablan de la inevitabilidad del cambio, pero nunca han cuestionado lo vacío y etéreo que es la propuesta de Constituyente sin un proyecto previo que la oriente. No les preocupa en lo absoluto que se hable de un “socialismo democrático” sin definir sus alcances ni sustentos.
Esta es la tarea de los intelectuales de todas las tendencias, no serviríamos de nada si vemos el mundo color de rosa.