A pesar de crisis y necesidades que requieren de atención urgente, la tarea del desarrollo humano es la más importante que enfrentamos y demanda de nuestra atención permanente porque su eje constante es la población, sus necesidades, recursos, capacidades y bienestar duradero.
Nuestra realidad exige el inicio efectivo del desarrollo, organizándonos políticamente y actuando solidariamente para ayudarnos a nosotros mismos a proveer un nivel mínimo de vida digna que permita a la mayoría hondureña en situación de pobreza la satisfacción de sus necesidades básicas para pasar de la mera subsistencia a existir con la dignidad propia de todo ser humano; asegurar educación y capacitación básica para que ese nivel mínimo de vida digna se erija en muro de contención de la injusticia social, y promueva la igualdad real para aprovechar posibilidades y oportunidades de progreso; y posibilitar el mejoramiento progresivo de la calidad de vida con seguridad democrática, para toda la gente.
La vigente ley para el establecimiento de una Visión de País y la adopción de un Plan de Nación, con la complementación de planes nacionales de gobierno, buscan dar sentido de desarrollo a todas las acciones de la sociedad y del Estado, y hacerlo viable con presupuestos nacionales que sean instrumentos de gestión y control de todos los recursos nacionales.
La forma de iniciar el desarrollo es concertando un amplio consenso nacional sobre un proyecto ordenado de actividades que comprometa voluntad y acción de la sociedad y el Estado; precise controles efectivos para que los gobiernos comprendan y obedezcan el mandato democrático y actúen siempre en dirección del desarrollo nacional buscado; y asegure una mayor participación de quienes reciben las más altas rentas en Honduras, para que cumplan con su responsabilidad social mediante la constitución de fideicomisos para financiar líneas críticas para el desarrollo humano.
La anunciada próxima adopción de un plan anticrisis y acuerdo nacional sobre sectores y temas prioritarios en los que debe concentrarse la actividad del Estado deberá atender esos requerimientos del desarrollo humano y acompañarse de los correspondientes planes de inversión y de gestión pública, cuyo contenido y alcance se concrete en un marco normativo coherente en forma tal que el crecimiento económico traiga aparejado el crecimiento social de la población.
El crecimiento económico es motor del desarrollo que necesita de varios entendimientos y decisiones como: la racional utilización de los recursos naturales con seguridad y utilidad equitativa para el desarrollo nacional y el inversionista; la productividad y calidad del trabajo con salarios que recompensen realmente el esfuerzo de los trabajadores y su capacitación, educación y competencia técnica; la protección del consumidor nacional y la vinculación de nuestros compatriotas en el exterior con el desarrollo nacional; el mayor acceso a la ciencia y a nuevas tecnologías adecuadas a las necesidades hondureñas; la competitividad de las tasas de interés, las tasas impositivas y las tasas de cambio; el control y remedio de la evasión fiscal; la racionalización, mayor transparencia y vigilancia del gasto público; y la armonización de la orientación estatal de la economía con el fomento de la iniciativa privada y del sector social empresarial.
El cumplimiento real de ese posible consenso nacional solo estará garantizado si nos unimos como sociedad civil vigorosa que trascienda las preocupaciones puramente gremiales y se constituya permanentemente en una estructura social firme de promoción, ayuda y supervisión soberana del gobierno nacional y de los gobiernos locales, para que gestionen responsable y eficazmente el desarrollo de Honduras.
Aprovechemos la oportunidad y la capacidad de activar por nosotros mismos el desarrollo, autoayudándonos para crear una nueva era de mayor dignidad humana, con cooperación internacional complementaria más transparente y alineada con las metas de nuestro Plan de Nación y planes y programas de desarrollo, sin las tradicionales ataduras que contaminan esa cooperación y con mejores controles sobre su debida utilización a los fines del desarrollo de Honduras.
En el 2012 la hondureñidad debe impostergablemente activar el desarrollo nacional, coincidiendo también con nuestros antecesores mayas quienes, en su cronología de ciclos solares, anunciaron que en este año se iniciaría una nueva era para la humanidad.