Los hondureños seguimos descuidando cuestiones de importancia superior, llegándose incluso al colmo de reducir el presupuesto a aquello que más bien debiera incrementársele.
Para el caso, abunda la verborrea oficial, tanto del gobierno central como del municipal, sobre lo bien que se hacen las cosas y lo mejor que se harán en el futuro si los votantes apoyan la planilla oficialista en las próximas elecciones.
Pero en la práctica: nada. Una muestra de esa lamentable realidad, tan plagada de demagogia, hipocresía y mentiras, es el abandono en que se encuentra una de las pocas y la más cercana fuente de agua de la capital: La Tigra.
Resulta que la organización encargada de su conservación, Amitigra, necesita un mínimo de ocho millones de lempiras para su manejo, aunque lo ideal fueran 18 millones de lempiras. Desafortunadamente, el gobierno más bien le ha disminuido el presupuesto, por lo que apenas recibe 4 millones de lempiras, o sea la mitad del mínimo que requiere.
Ante esta difícil situación, y conscientes de que es prácticamente imposible que el gobierno central y la alcaldía de la capital provean todos los recursos económicos necesarios para la conservación de este pulmón y fuente de agua de las ciudades gemelas, los dirigentes de Amitigra proponen acudir a un recurso ampliamente usado en otros países: el pago por servicios ambientales, que no es más que agregar a la factura mensual por consumo de agua una cantidad especial para la conservación de La Tigra.
La propuesta ya está en manos del Congreso Nacional, donde puede ser mejorada o sustituida, pero asegurándose que se contará con todos los recursos necesarios para cuidar bien esta reserva de agua y oxígeno, pero también vigilando que los fondos obtenidos se utilicen, de verdad, en el propósito mencionado.
Y es que esta reserva, además de su importancia por la biodiversidad que contiene, tan cercana a la capital, es una fuente de agua de las dos ciudades gemelas que tienen graves problemas de escasez de ese vital líquido. Ese hecho debiera ser suficiente para que se cuidara con especial esmero.
Esperemos que tengan éxito los esfuerzos que se hacen para concienciar a los diputados sobre la necesidad de otorgar o facilitar el acceso a más fondos y para lograr que tanto la ciudadanía como los empresarios locales aporten lo que les corresponde para salvar a La Tigra.