Opinión

El fracaso de las guerras

Las guerras y la promoción de las mismas por los centros mundiales del poder, las revoluciones armadas, la violencia en general, al igual que la sola represión contra la criminalidad y las meras prohibiciones, no solucionan nada. Así lo demuestra la historia y así lo confirma el día a día en el mundo.

Por ejemplo, cuando el gobierno estadounidense, en la década de 1930, prohibió la producción, venta y consumo de alcohol, no se redujo el consumo del mismo, pero eso sí, ese fue un ambiente propicio para que surgieran las más sanguinarias organizaciones mafiosas en ese país.

Hace más de 40 años que Estados Unidos lanzó su “guerra contra las drogas” –que incluye la ilegalización y la represión en diferentes frentes– y en todo este tiempo no solo ha aumentado el número de drogadictos sino que también la cantidad y el poder de las organizaciones delictivas que se dedican a la producción, al tráfico y hasta han diversificado sus actividades.

Después de los ataques del 11 de septiembre de la red de fundamentalistas islámicos jefeada por Osama bin Laden –cuyo poder había sido alimentado por los propios Estados Unidos en su afán de ayudar a los “luchadores de la libertad” que combatían la ocupación rusa en Afganistán—, Washington no solo hizo la primera guerra preventiva de la historia sino que también lanzó su “guerra contra el terrorismo” en Afganistán e Irak.

Pero más de una década después ni el terrorismo ha disminuido ni la libertad y la democracia han llegado a esos países. De hecho, regímenes corruptos y dictatoriales han sido instalados allí. Los talibanes siguen siendo poderosos en Afganistán y extremistas inspirados en Osama bin Laden, como el ISIS, que ni siquiera tenían presencia durante el régimen de Saddam Hussein, ahora amenazan con tomar el control de Irak.

La muerte en Afganistán, el martes, del general Harold J. Greene, el militar estadounidense de más alto rango caído por fuego enemigo desde la guerra de Vietnam, y el bombardeo ayer mismo de la aviación estadounidense contra posiciones del ISIS (organización con la que en un momento dado coincidieron las potencias occidentales en sus intentos por derrocar al gobierno sirio), son una muestra clara de que las destructoras y cruentas guerras en esos países no dieron los resultados que Washington esperaba.

Ante el obvio fracaso de la violencia como respuesta a la violencia, ya va siendo tiempo de que los individuos, los países y las culturas vayan buscando formas distintas de conseguir objetivos, de proteger intereses y de hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.