No hubo palabras ni abrazos sentidos que pudieran desaparecer el dolor que generó la muerte de su primogénito.
Suplicio inimaginable, tal vez similar al de una filosa daga que atraviesa el corazón.
Él sería su mano derecha, el encargado de los pequeños sembradíos y la cabeza del hogar si un día él, su padre, faltara.
Pero los planes de Dios fueron diferentes y hoy don Salvador Mejía dará el último adiós a su niño, su pequeño Salvador, la primera víctima mortal de la pólvora utilizada en las fiestas de fin de año.
Fallecimiento
A las 8:20 de la mañana de ayer, los médicos de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Escuela Universitario (HEU) notificaron a Don Salvador la peor noticia: su hijo falleció a causa de un paro cardiorrespiratorio y falla multiorgánica.
El infante había ingresado el pasado 25 de diciembre al bloque Materno Infantil del HEU procedente de Nueva Arcadia, Copán, de donde era originario.
La mañana de ese trágico día el pequeño encontró en la calle un mortero que al parecer no estalló durante la Nochebuena, según relató su padre en el momento del ingreso.
El infante tomó el artefacto, lo llevó a su vivienda y luego lo encendió sin imaginar que la explosión le quemaría el 90 por ciento de su piel y le lesionaría órganos vitales de su estómago.
La gravedad del menor obligó a los galenos a intervenirlo quirúrgicamente para tratar de reparar órganos como el colon, bazo, intestinos y otros que fueron dañados en el impacto.
Pero la lucha fue en vano, el menor lamentablemente no pudo superar su condición.
Pérdida
“Es triste para mí en este nuevo año, solo Dios sabe lo que estoy sintiendo ahora”, dijo don Salvador entre el llanto desgarrador, mientras esperaba afuera de la morgue del HEU la entrega del cuerpo de su retoño.
“Yo le dije a Dios que lo tomara en sus manos, le dije que si estaba sufriendo que lo recibiera en su mano, yo en manos de él lo puse, pero le pido a él que me dé la fuerza para seguir trabajando y seguir sirviéndole a él”, expresó y rompió en llanto.
Pese a su dolor dijo estar conforme de saber que los médicos realizaron en su hijo todo lo que estuvo a su alcance.
“Hicieron todo lo que pudieron, dijeron los doctores, pero ya Dios lo tomó en sus manos, es mi angelito, mi angelito Dios me lo tiene en el cielo”, manifestó.
Sin embargo, reconoció que nunca perdió las esperanzas de ver a su hijo recuperado, pese a tener conciencia de que el estado de salud del niño era delicado.
Un sueño
Salvador había cursado en 2015 el tercer grado en la escuela pública de su comunidad. Y aunque los recursos de la familia eran limitados soñaba con ir a la universidad, convertirse en agrónomo y hacer crecer el negocio de su padre.
“Estaba chiquito mi niño, pero tenía sueños, él iba ser mi mano derecha, decía yo”, comentó mientras sus lágrimas corrían sin parar por sus mejillas.
Salvador fue trasladado ayer hasta su lugar de origen, donde su familia y pequeños amiguitos darían a su cuerpo cristiana sepultura.
El HEU recibió durante la temporada de fin de año 19 personas quemadas, entre niños y adultos; otros dos pacientes ingresaron al hospital de Especialidades del Seguro Social
El pequeño Salvador era originario Nueva Arcadia, departamento de Copán y fue trasladado el fin de semana al Hospital Escuela Universitario (HEU) después de haberle estallado un mortero en su abdomen.