Honduras

Cuerpos de los ocho mineros están a 300 metros del acceso al túnel

13.07.2014

San Juan Arriba, El Corpus,Honduras

Los cuerpos de ocho mineros soterrados desde el pasado 2 de julio por un derrumbe, se encontrarían atrapados a unos 300 metros de distancia del acceso a la mina Cuculmeca, de esta comunidad.

Los rescatistas que ingresaron al túnel, entre mineros y socorristas, no lograron su objetivo de extraer los cuerpos que yacen aún en las profundidades de la codiciada mina, rica en producción de minerales como el oro.

A la tarea se unieron unos 500 mineros artesanales, socorristas de la Cruz Verde, Cruz Roja y del Cuerpo de Bomberos.

La comunidad de San Juan Arriba se ubica en el municipio de El Corpus, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Choluteca, en el sur del país. El abrasante calor predomina durante el día y refresca en las horas de la noche.

Las altas temperaturas se elevan en las profundidades de los túneles de la mina, que se sitúa a unos tres kilómetros del caserío.

Los rescatistas sintieron en carne propia las altas temperaturas que predominan en el interior de la oscura mina.

Uno de los rescatistas de la Cruz Verde, Carlos Enrique Cruz, relató a EL HERALDO lo que vivieron en los nueve días que permanecieron en la mina colaborando en las labores de rescate de los cuerpos.

Una tarea que desempeñaban a diario era atender médicamente a los mineros, ingresar al reducido túnel para extraer material y colocarlo en otra bóveda.

Se logró escarbar la mina y llegaron hasta donde, al parecer, se encontraban soterrados los ocho mineros.

Desde el acceso al túnel hay una distancia de más de 300 metros de recorrido, un trayecto bien difícil, hasta llegar a una inmensa piedra que impedía el paso, relató el socorrista.

Al ingresar se transita un trayecto, luego hay que bajar con la ayuda de lazos, luego hay una serie de cuevas y rectas, hasta encontrarse con una roca.

“Estábamos excavando, (los mineros soterrados) estaban bien al fondo, llegamos, pero al final no se pudo, la piedra impidió”, lamentó el socorrista.

La pesada piedra, de unas siete toneladas de peso, fue el obstáculo entre los rescatistas y los soterrados.

Romperla con herramientas no era opción, ya que al hacerlo era de alto riesgo, ya que se vendría abajo el techo del túnel y enterraría a los rescatistas.

Es decir, que en ese sector la roca servía de soporte al techo de tierra del túnel, es la que lo sostiene.

“Era difícil sacar los cuerpos, una piedra, a lo más que se rompa se viene todo abajo y queda sellada totalmente la zona”, explicó.

Se intentó abrir otro túnel con el fin de rodear la piedra y así evadirla.

A pesar que colocaron chimeneas, para sostener las paredes, fue imposible avanzar por el alto riesgo, relató.

Afirmó que los malos olores que emanaban desde la parte posterior de la pesada roca eran soportables quizás porque comenzaban a desaparecer las emanaciones de los cuerpos.

Tampoco visualizaron presencia de moscas. “Lo que sí es que es cálido, la temperatura era muy caliente”, dijo.

Trabajaron en conjunto con los mineros, a quienes calificaron como personas comprometidas y buenos en su trabajo.

Frustración

La frustración se apoderó de los rescatistas, ya que por varios días lograron transitar más de 300 metros y al estar a unos tres metros de los cuerpos no pudieron visualizarlos y sacarlos.

Los socorristas se vieron obligados a abandonar la labor y retirarse con el equipo en mano, entre lazos, palas, piochas, focos, almádanas y equipo médico.

Se les avisó del retiro ya que era imposible continuar, con o sin maquinaria.

Con su casco polvoriento, Cruz caminaba por la calle de la aldea junto a sus tres compañeros voluntarios de Choluteca.

Lucían visiblemente agotados, sus rostros desencajados, con reflejo de insatisfacción por no ver cumplido la tarea encomendada.

Sin embargo, resaltaron que es su deber estar presente en cualquier misión en la que se vea en peligro la integridad física de cualquier ser humano.

En este caso particular, el equipo de socorristas cuenta con experiencia en la labor que realizan los mineros.

“Lo hacemos por ayudar al pueblo, por nuestra propia voluntad, todos somos seres humanos y debemos de ayudar”, resalto el socorrista, que dio todo su mejor esfuerzo.