Honduras

Con 19 días es la paciente más joven con chikungunya

24.06.2015

Tegucigalpa, Honduras

Apenas tiene 19 días de haber llegado al mundo y no tiene nombre, ya que lo importante ahora es que las fiebres desaparezcan.

En su pequeña cunita apenas se mueve y cada quejido es una puñalada al corazón de su madre que no puede hacer nada al respecto.

El chikungunya atacó su cuerpo y antes de que sus padres disfrutaran sus primeros momentos las molestias les habían robado esa posibilidad.

“Todo rojito está de la alergia, se me puso bien mal, solo estamos esperando que le bajen las fiebres y que se mejore para que nos vayamos a la casa”, dice su joven madre mientras toca su rosada manito.

Ella se llama Celika Ortega, es originaria de El Porvenir, Francisco Morazán, y hace dos días los médicos del Hospital Materno Infantil ingresaron al menor con cuadros de fiebre y malestar general.

Su cara denota fatiga, y es que no resulta nada fácil pasar dos largas noches en vela.

“Apenas tiene 19 días, aún no le hemos puesto nombre, todo pasó muy rápido; ahorita, primero Dios, se mejore”, dice Celika.

Un pequeño lamento interrumpe la conversación y con cuidado, como si se tratara de una hermosa pieza de porcelana, levanta al pequeño ser que sigue recostado sobre una sábana azul.

Su llanto es suave, su naricita brilla a causa de la incandescente luz de la sala, no abre los ojitos; sin embargo, busca desesperadamente el pecho de su madre.

“Solo me le han dado acetaminofén, todavía se siente tibio, apenitas llevamos dos días aquí, a saber cuánto tiempo vamos a estar aquí”, lamenta la joven.

La sala está repleta, y los demás niños superan a su pequeño en edad por un par de meses.

Los médicos hacen lo que pueden con lo que tienen, pero la ola de recién nacidos con el virus es incontenible.

Lo más grave es que hasta el momento no hay una garantía de que la enfermedad desaparezca con las fiebres.

Según el presidente del Colegio Médico de Honduras, Elmer Mayes, la situación es lamentable y las consecuencias pueden ser devastadoras.

Daños neurológicos y en las extremidades son algunos de las lamentables secuelas que la enfermedad puede causar.

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