Explotados: niños hondureños que trabajan ganan tres veces menos del salario mínimo
A pesar de hacer las mismas labores de un adulto, miles de niños y adolescentes perciben pírricos ingresos menores a L5,000. A muchos otros ni siquiera les pagan
- Actualizado: 13 de julio de 2026 a las 23:00
Tegucigalpa, Honduras.- Saúl (nombre ficticio para proteger su identidad) al salir de clases se mueve por bulevares y a otros puntos de la capital intentando vender franelas a un precio bajo: 25 lempiras. El pequeño confesó que hay días en los que no vende casi nada, y que son muy contados aquellos en los que logra liquidar todas.
Saúl hace sus ventas los cinco días de la semana desde mediodía hasta las seis de la tarde. En sus brazos porta un paquete de 13 franelas, y si tiene suerte de vender todas, consigue 325 lempiras. Sin embargo, estos ingresos son pírricos comparado al tiempo que dedica.
Si en el mejor de los escenarios vendiera todas las franelas día a día, apenas estaría ganando L6,500 al mes, pero esta cifra es utópica para Saúl.
Esta es la realidad de miles de niños y adolescentes hondureños, quienes a pesar de arduas jornadas y sacrificando sus estudios, sus ingresos promedio ni siquiera llegan a los L5,000, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) recopilados por EL HERALDO Plus.
El INE a través de la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples 2025 reportó que el ingreso promedio de los menores en trabajo infantil apenas es de L4,279. Esto refleja que los niños y adolescentes ganan tres veces menos del salario mínimo promedio, el cual es de L14,917.20.
La media de ingresos de los menores que se dedican a trabajar y estudiar son de L3,362.20. En cuanto a los que únicamente trabajan, su promedio es de L4,599.30.
La brecha de ingresos esa aun más desigual entre el área urbana y rural. En zonas urbanas, el promedio es de L5,003.70, mientras que en la rural, donde es mayor la pobreza, el promedio es de L3,810.5. Es decir, L1,193.20 menos. Cabe señalar que el 64% del trabajo infantil se localiza en la zona rural con 166 mil menores.
Por otra parte, los menores entre cinco y nueve años son los que tienen ingresos más bajos. Según el INE, el promedio apenas es de L254.8. Aquellos entre 10 y 14 años perciben una media de L3,056.60, y los adolescentes entre 15 y 17 años sube ligeramente a L4,861.60.
Salario y tiempo
La pobreza de las familias orilla a miles de menores a salir a buscarse a ganarse el pan de cada día. Pese al arduo esfuerzo, la ecuación de que más trabajo se traduce en más dinero, no es una realidad en el trabajo infantil.
Los datos señalan que para 2025 habían 113 mil menores laborando por menos de un salario mínimo. Más en específico casi 54 mil trabajan más de una jornada, pero sin ganar el sueldo mínimo, y otros 59 mil ganaban menos del mínimo, pero laborando menos de una jornada.
Por otro lado, 3 mil menores perciben entre uno y dos salarios; 184 entre tres y cuatro salarios; y 144 mil no declaran ingresos.
El Código de la Niñez y Adolescencia de Honduras establece que la jornada laboral no debe ser superior a las seis horas diarias, y que el trabajo no debe obstaculizar la formación educativa.
Además, prohibe que laboren menores de 14 años; y en el caso de los menores entre 15 y 17 años, deben contar con una autorización por parte de la Secretaría de Trabajo, la cual tendrá que evaluar las condiciones y tipo de labores a desempeñar.
Asimismo, el artículo 134 señala que se convierte en explotación económica si el menor realiza jornadas extraordinarias y cuando este es obligado a trabajar por menos del salario mínimo. Sin embargo, todas estas estipulaciones legales parecen inexistentes en la praxis.
Héctor Figueroa, director del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (ISS-UNAH), explicó que la falta de supervisión estatal y el alto nivel informalidad laboral en el que se insertan los menores provoca que estos terminen siendo explotados.
"La mayoría trabaja en condiciones de informalidad, sin contrato, sin protección estatal y en actividades de muy baja productividad", señaló.
Jorge Valladares, experto y defensor en derechos de la niñez, expuso que muchos menores trabajan sin siquiera tener un contrato formal, situación que permite al patrón a establecer el salario a su conveniencia. Comentó que ante esta dinámica, "al niño no le queda opción", distinto a un adulto el cual puede proceder a demandar.
"La paradoja es que a un niño que trabaja por el mismo trabajo que hace un adulto, se le paga tres veces menos", reprochó.
Sectores
Las actividades de campo como ganadería, agricultura y pesca, junto al comercio mayorista y minorista son donde abunda más trabajo infantil. En el primer sector mencionado, figuran 108 mil menores, mientras que en el comercio 63 mil.
El tercer rubro de mayor prevalencia es de la construcción con 29 mil, seguido de la industria manufacturera con 19 mil.
También resaltan 10 mil menores en actividades de alojamiento y alimentación, 8 mil en acciones de servicio no especificadas, y 7 mil en actividades relacionadas al hogar y labores domésticas.
Para Valladares y Figueroa, el número de menores laborando puede ser mucho mayor en el sector del comercio informal y en el campo ante la carencia de supervisión del Estado, favoreciendo la multiplicación del trabajo infantil y consigo, la pobreza.
El abogado amplió diciendo que la fuerza laboral infantil no es estática. Es decir, que en una temporada puede encontrarse en el sector del café, luego hacia el comercio informal y en el peor de los casos en busca de subsistir, pueden caer en las garras de redes de explotación sexual o de la delincuencia como miembros de grupos criminales.
"Las actividades de supervivencia son múltiples y desafortunadamente todas producen pobreza, discriminación y exposición física, psicológica y sexual", lamentó.
Los datos del INE muestran que 141 mil menores son asalariados —mal pagados— del sector privado, equivalente al 54% de la fuerza laboral infantil.
Igualmente, llama la atención que 89 mil menores (34%) figuran como trabajadores no remunerados, quienes suelen trabajar con familiares sin retribución económica.
Los entrevistados consideran que la incorporación de menores al trabajo se vuelve un mecanismo para reducir costos de operación, una medida que fracasa a largo plazo ya que el menor no continua su formación académica y termina siendo marginado al sector informal incluso ya siendo un adulto.
"Mientras persistan elevados niveles de desigualdad, exclusión social, baja cobertura de protección social, en nuestro país esta práctica continuará siendo socialmente aceptada en amplios sectores", expresó el director del IIS-UNAH.
Los entrevistados consideran que la incorporación de menores al trabajo se vuelve un mecanismo para reducir costos de operación, una medida que fracasa a largo plazo ya que el menor no continua su formación académica y termina siendo marginado al sector informal incluso ya siendo un adulto.
"Mientras persistan elevados niveles de desigualdad, exclusión social, baja cobertura de protección social, en nuestro país esta práctica continuará siendo socialmente aceptada en amplios sectores", expresó el director del IIS-UNAH.
Ambos expertos instan a la creación de políticas de Estado encaminadas a la reducción de la pobreza, ampliar la cobertura educativa —principalmente en zonas rurales— para reducir la deserción escolar y fortalecer las instituciones para que supervisen a los menores y castiguen a quienes los explotan.
De igual forma, sugieren la creación de proyectos como la generación de microempresas en sectores como el cafetalero, y que estas sean lideradas por adolescentes de entre 15 y 17 años, con el objetivo de que puedan adquirir habilidades y especializarse sin abandonar sus estudios.
Metodología
- Datos obtenidos de la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples 2025 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE)