Tomás Zambrano, de un presagio en un desayuno a buscar la presidencia del Congreso
Tomás Zambrano, del Partido Nacional, ha construido una carrera sostenida en el Poder Legislativo: cinco períodos consecutivos, disciplina partidaria y habilidad para la negociación. Es el favorito a presidir el Congreso
- Actualizado: 20 de enero de 2026 a las 22:40
Tegucigalpa, Honduras.—Una mañana del 2000 —cuando el nuevo siglo apenas comenzaba— se anticipó parte de su camino.
El café humeaba, los cubiertos chocaban suavemente y los testimonios de fe fluían como en cualquier reunión religiosa.
Entonces ocurrió.
Tomás Zambrano, con apenas 18 años, entró al restaurante donde su madre se encontraba congregada junto a amigos y hermanos de fe. No habló. No pidió la palabra. Pero fue señalado.
Una mujer lo vio y lo llamó por su destino.
—Yo te veo vestido elegante, te veo de traje y te veo sentado en silla de reyes.
Doña Maura Luz Molina Galo, su madre, recuerda ese momento con una precisión intacta, a pesar de que han pasado 25 años. “No fue una palabra cualquiera —dice—. Era algo que se estaba sembrando”.
Y aquella frase, repetida como promesa dentro de su familia, parece encontrar sentido ahora que Zambrano aspira a convertirse en el próximo presidente del Congreso Nacional para el período 2026-2030.
Zambrano nació el 29 de julio de 1982 en Nacaome, Valle, en el seno de una familia donde la política no era un tema ocasional, sino una forma de vida.
Creció entre campañas, discursos y reuniones partidarias, en un hogar donde el Derecho y la militancia se entrelazaban como herencia.
Nacionalista desde la cuna, su vínculo con el partido no fue una decisión tardía, sino una identidad asumida desde temprano.
Su padre participó en la campaña presidencial de Ricardo Zúñiga Augustinus en 1981 —los nacionalistas perdieron ante Roberto Suazo Córdova—, y ese compromiso político marcó el ambiente en el que Tomás dio sus primeros pasos.
“Tommy”, como le llama su madre, fue testigo del amor casi devocional de sus padres por el Partido Nacional.
“Al ver cuánto lo amábamos, ese mismo sentimiento nació en su corazón”, recuerda doña Maura. “Él terminó alineándose a los mismos ideales políticos que nosotros teníamos”.
Desde entonces, la política dejó de ser una posibilidad y pasó a ser una consecuencia.
El ascenso con visión
El ingreso de Zambrano a la vida política no fue abrupto ni marginal. No llegó por accidente ni por rebeldía, sino por vocación. Desde joven —recuerda su madre— sabía lo que quería.
Tras graduarse como abogado en Tegucigalpa en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), regresó a Nacaome para trabajar en el bufete de su padre.
No fue un salto directo a la política, sino una aproximación silenciosa, casi doméstica, al ejercicio del poder local.
“Había personas que llegaban al bufete necesitadas de ayuda —cuenta doña Maura—. Algunos requerían una silla de ruedas, otros aparatos ortopédicos, y ahí estaba Tommy, ayudando. No lo hacía con la idea de lanzarse a la política, sino por servir, por amor a la gente”.
Ese contacto temprano con la gestión, la intermediación y la ayuda social se dio bajo la sombra de su padre, un abogado reconocido en la zona sur y figura de referencia en el municipio.
Para Zambrano, esas acciones humanitarias funcionaron también como vía de acceso al reconocimiento y a la influencia.
Llegó porque el poder le era familiar. Porque conocía sus códigos. Porque había sido educado para habitarlo.
Así, ingresó al Congreso Nacional por la puerta grande del poder económico y partidario.
En 2008 se incorporó al movimiento del entonces precandidato presidencial Mario Canahuati, empresario maquilador y expresidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP). No lo hizo como figura decorativa, sino como operador político.
Abogado egresado de la UNAH en 2004, Zambrano ya conocía el funcionamiento interno del Legislativo antes de convertirse en diputado.
Entre 2006 y 2009 fue asesor de la Comisión de Seguridad del Congreso Nacional, una antesala que le permitió comprender las reglas no escritas del poder parlamentario.
En 2010 llegó por primera vez al Congreso como diputado propietario por el departamento de Valle. Desde entonces no ha salido.
Cinco períodos consecutivos, incluyendo el actual mandato, lo convirtieron en una pieza estable del engranaje legislativo y, con el tiempo, en uno de los hombres más leales a la dirigencia del Partido Nacional.
Esa lealtad tuvo momentos decisivos.
En 2012, durante su primer ciclo legislativo, Zambrano integró la Comisión Especial de Investigación que desembocó en la destitución de cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.
La comisión fue nombrada por Juan Orlando Hernández, entonces presidente del Congreso Nacional.
La destitución ocurrió de madrugada, con 97 votos, y abrió una de las grietas institucionales más profundas del país. Los magistrados habían declarado inconstitucionales las Regiones Especiales de Desarrollo (RED), luego conocidas como Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE).
Tras su salida, el Congreso retomó el debate y aprobó el proyecto con 110 votos. Zambrano votó a favor.
Tres años después, en 2015, su nombre volvió a figurar en otro momento clave del reordenamiento institucional. Un grupo de diputados se reunió para presentar un recurso de inconstitucionalidad contra el artículo 239 de la Constitución, que prohibía la reelección presidencial.
Zambrano estuvo entre ellos.
En abril de ese año, la Sala de lo Constitucional —ya reconfigurada— declaró inaplicable el artículo. La reelección quedó habilitada.
En paralelo a su ascenso político, Zambrano consolidó una identidad religiosa visible dentro del Congreso. Promotor activo del movimiento evangélico, mantuvo cercanía con el apóstol Roy Santos y la Iglesia de Cristo Ministerios Manantial de la MIES, en San Pedro Sula.
En 2018 impulsó iniciativas simbólicas y legislativas: jornadas de oración infantil, la lectura no obligatoria de la Biblia en centros educativos y el traslado de la Embajada de Honduras de Tel Aviv a Jerusalén.
Ese mismo año, mientras promovía valores cristianos desde el hemiciclo, su nombre apareció en el expediente del caso conocido como “Pacto de Impunidad”, presentado por la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih) y la Unidad Fiscal Especializada Contra la Impunidad de la Corrupción (Ufecic).
Fue acusado de falsificación de documentos, abuso de autoridad y delitos contra la forma de gobierno, relacionados con la aprobación anómala del Presupuesto General que habría beneficiado a diputados investigados por corrupción.
En 2018 obtuvo sobreseimiento definitivo.
Durante la pandemia de covid-19, Zambrano ya no era un diputado más. Como secretario de la junta directiva y luego jefe de bancada, dirigió sesiones virtuales y defendió reformas al Código Penal y a la Ley contra el Lavado de Activos que, según expertos, limitaron investigaciones por corrupción y endurecieron sanciones contra la protesta social.
También respaldó modificaciones a la Ley de Financiamiento Político que beneficiaron a candidatos que no rindieron cuentas a tiempo en las elecciones primarias de 2021.
Ya en el período 2022-2026, bajo el gobierno de la presidenta Xiomara Castro, del partido Libertad y Refundación (Libre), Zambrano se consolidó como el principal rostro de la oposición en el Congreso Nacional.
Su confrontación directa con el oficialismo y su papel como articulador político le permiten posicionarse como una figura central dentro de su partido y proyectar su aspiración para presidir el Poder Legislativo.
Carácter de Zambrano
Como buen aficionado al fútbol, a Zambrano le encajaría bien una de las reflexiones más conocidas de Josep Guardiola, entrenador español del Manchester City: “El secreto de un buen equipo está en el orden, en que todos sepan lo que tienen que hacer”.
Una idea que, según su madre y personas cercanas, se asemeja al estilo de liderazgo que Zambrano ha ejercido dentro del Congreso Nacional y que hoy intenta proyectar hacia una eventual presidencia del Legislativo, siempre que logre construir los consensos necesarios, particularmente con el Partido Liberal.
Para doña Maura, ese liderazgo tiene raíces claras. “De su papá heredó la audacia —dice—. Mi esposo es un hombre audaz. Y de mí, pues, la inteligencia”.
A partir de ahí, describe un carácter que, asegura, se ha mantenido intacto con el paso de los años: “Es leal, es firme, es decidido. No hay hipocresía en él, no hay maldad, no hay envidia. Es bien ponderado, tiene dominio propio”.
Según su madre, esa templanza ha sido una constante incluso en los momentos de mayor confrontación política. “A pesar de muchas ofensas y muchos insultos, no pierde el control, se mantiene sin alterarse. Sabe responder a situaciones difíciles e incómodas. Siempre ha sido así, desde joven”.
La descripción se completa con un rasgo menos solemne, pero revelador. “Es bromista, le gusta hacer reír. No ha perdido eso”, cuenta. “Tiene de las dos cosas: la seriedad y la cercanía”.
Doña Maura habla también desde la fe. “Nosotros nos mantenemos creyendo que las puertas que Dios abre nadie las cierra, y las que Él cierra nadie las abre. Él sabe que las cosas no pueden seguir de la misma manera y que hay que hacer algo diferente: servir al pueblo, ayudar a la gente. Está convencido de que lo que haga debe ser para el bien de esta nación”.
Esa percepción es compartida por la diputada Lissi Cano, quien ha trabajado de cerca con Zambrano durante los últimos cuatro años en el Congreso Nacional.
Para ella, más allá de las posiciones políticas, su principal fortaleza es la capacidad de liderazgo.
“Tomás Zambrano es un líder, un conciliador, un constructor”, afirma. “Tiene muchísima experiencia legislativa y, sobre todo, es un gran ser humano. Es un hombre que ama a Dios, teme a Dios, y es un hombre de principios, de vocación democrática y de diálogo”.
Cuando se le pregunta cuál es el rasgo más fuerte de su personalidad, Cano no duda: “Su liderazgo. Conducir una bancada en estos cuatro años tan difíciles, en un Congreso tan accidentado, me demostró que es un verdadero líder. Un líder sabe guiar, sabe conducir y sabe construir”.
También destaca su comportamiento en escenarios de presión. “Es extremadamente contenido. No hay sobresaltos. Siempre llama a la calma, siempre es aplomado. Nos mantuvo unidos como partido, trató de tener a todas sus ovejas en el redil. Y es un hombre sumamente reservado. Es amigo de sus amigos”.
El diputado nacionalista Mario Pérez expresó su confianza en que se pueda alcanzar un entendimiento con el Partido Liberal para definir quién presidirá el Congreso Nacional y cómo se integrará la nueva junta directiva del Legislativo para los próximos cuatro años.
“Ojalá que podamos llegar a acuerdos por el bien del país y por la gobernabilidad en Honduras”, declaró Pérez.
Aunque dejó clara su postura: “El presidente del Congreso Nacional debe ser Tomás Zambrano”.
Sin desconocer —añadió— que el Poder Legislativo debe ser “complementario e independiente”, y que, en el actual contexto político, “lo que más conviene es que el Partido Nacional presida el Congreso”.
Agenda en el Poder Legislativo
Al intentar contactar a Zambrano para una entrevista, la reunión fue imposible. El diputado no pudo atender a EL HERALDO, sin especificar sus motivos.
Sin embargo, sus palabras fueron tomadas de varias declaraciones que emitió en diversos programas, cuando le preguntaron su postura sobre distintos temas en caso de que logre convertirse en presidente del Congreso.
Su madre, Maura Molina, aseguró que la apuesta de Zambrano estará “sobre todo en lo que es salud y educación, que hay mucha necesidad. Sí, ha visto él que necesita una reestructuración, un cambio en ese aspecto”.
Zambrano sostiene que el Congreso debe dejar de ser una “casa de vacaciones” para diputados que se olvidan de trabajar.
“Hay que limpiar la imagen del Congreso”, afirmó, y sostiene que el problema no es de un partido, sino de la institución en general: “Los diputados están mal vistos, sin importar el partido”.
Para él, el Congreso debe “resetearse” y convertirse en un espacio de transparencia, rendición de cuentas y participación real.
Considera que la llegada de 84 diputados nuevos representa una oportunidad para reconstruir la institución, pero que esa reconstrucción exige disciplina y voluntad.
Por eso propone medidas concretas como sesionar los días que la ley establece, respetar los horarios y, si un diputado no asiste, que no reciba pago.
“La ley del Congreso establece que se debe trabajar martes, miércoles y jueves”, insistió. “Ya no podemos estar faltándole el respeto al pueblo hondureño”.
En su visión, el diputado no debe ser un gestor de dinero, sino un gestor de soluciones. Por ello, defiende que el dinero de las ayudas no debe pasar por las manos de los parlamentarios, sino ir directamente a escuelas, centros de salud, alcaldías o juntas de agua.
En cuanto al sistema de salud, Zambrano es contundente: “No hay medicinas” y “la gente muere esperando una operación”.
Su propuesta central es retomar el fideicomiso de medicamentos, para garantizar el abastecimiento.
También plantea mejorar los quirófanos, supervisarlos y establecer convenios con clínicas privadas para operar a pacientes que no encuentran espacio en hospitales públicos.
Zambrano calificó el tema de “los hospitales móviles” como “un golpe político”, aunque afirma que se actuó contra los responsables.
Sobre la gobernabilidad, Zambrano defiende que el Congreso debe ser un espacio de diálogo y acuerdos.
“Un congreso tiene que ser un congreso de puertas abiertas a los sectores para que lleguen a dialogar”, señaló.
Añadió: “Al final, ¿cuál es el objetivo y el espíritu del Congreso? Aprobar leyes. ¿Y las leyes de dónde salen? Del pueblo, de los sectores, de los grupos y los partidos”.
En ese sentido, insiste en que el parlamento debe volver a funcionar con debate y consenso, y no como un órgano que solo obedece al Ejecutivo.
Respecto a la corrupción y la justicia, Zambrano expresó que las misiones internacionales de apoyo deben ser acompañadas de capacitación para los hondureños.
“De nada sirve traer expertos si no fortalecemos a los operadores de justicia”, afirmó, y señaló que el objetivo debe ser certificar y capacitar a policías, fiscales y jueces.
Para Zambrano, la lucha contra la corrupción debe centrarse en fortalecer instituciones, no solo en traer apoyo externo.
Un consejo y saludo especial
Al terminar la conversación sobre su hijo, doña Maura Molina quiso dejarle unas palabras a Tomás Zambrano para que las recuerde en su camino hacia la presidencia del Congreso Nacional.
Cita textual: “Hijo, le digo que estoy agradecida primeramente con Dios por todas las maravillas que ha hecho en su vida. Me siento sumamente orgullosa junto con su papá de todo lo que hace por cada uno de nosotros. Es un hombre que nos ha amado, nos ha respetado, nos ha honrado. Y yo sé que ese amor que tiene para nosotros es inmenso.”