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'Mi mejor obsequio es que sea campeón”, afirma madre de Juan Ramón Mejía

La profe, como le dicen los pequeñines de su colegio, comenta que JR fue un niño inquieto, y que desde su infancia sus mayores emociones giraban en torno a un balón de fútbol.

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11.05.2012

Los calificativos se quedan cortos al describir el orgullo y satisfacción que siente por su hijo.

Ese mismo que ha soprendido a propios y extraños y que con sus goles hace delirar a los miles de olimpistas, que ya lo sitúan como un jugador importante dentro del club Olimpia.

Así, con la personalidad propia que le exige la dirección de un centro educativo, la profesora Alejandrina Erazo, nos cuenta como vive el gran momento que actualmente pasa su vástago Juan Ramón Mejía, quien con sus siete tantos es uno de los máximos goleadores del Olimpia, y que, en la antesala de la final, nadie puede negar que en sus botines puede estar la 25 para el León.

Su eterna pasión

Doña Alejandrina toma asiento, respira profundo y se comienza a meter en el baúl del tiempo para relatarnos en orden cronológico cómo ha sido la vida de Juanra: “Bueno... a él toda la vida le ha gustado eso del fútbol, y yo siempre lo he acompañado, nunca lo he dajado solo, desde que comenzaba en los campos de tierra, porque por él ya conoce casi todas las canchas de la capital jajaja”.

La profe, como le dicen los pequeñines de su colegio, comenta que JR fue un niño inquieto, y que desde su infancia sus mayores emociones giraban en torno a un balón de fútbol.

“Esa ha sido su pasión desde muy pequeño, porque cuando estuvo en la escuela se le salía al maestro para ir a jugar, fue un niño bastante hiperactivo”, describe la madre, quien no puede esconder los gestos de alegría que le provoca el tercero de sus cuatro hijos.

Luego, hace una pausa, y entre uno y otro recuerdo de la etapa escolar del 17 Albo, “una vez me llamaron de la escuela, y ya sabía que era por el fútbol; entonces el profesor me dijo que Juan Ramón pasaba inquieto y que arrancaba las hojas del cuaderno para hacer pelotas con el masking tape que me llevaba de la casa, él siempre con su pelota”...

Balón por las golosinas

Alejandrina nos comparte que él era inteligente, pero que su amado deporte lo hacía distraerse, porque su vida giraba al ritmo de un balón, al que siempre quiso tener a su lado, y eso lo hacía sacrificar hasta sus golosinas, todo por adquirir la herramienta que lo hacía feliz.

“Recuerdo que yo le decía ‘ya gastastes los cinco lempiras que te di’ y él me contestaba ‘sí, porque compré una pelota”, sostiene la madre, para luego rematar esa anécdota: “yo le decía ‘qué barbaridad, estás como esos que comen, duermen y sueñan fútbol, y me contestaba ‘bueno, pues eso es para mí”.

Olimpista de siempre

Y, pese a que nunca abondonó sus estudios, la número cinco nunca quedó al margen, y eso fue determinante para que lograra su sueño de jugar en la Liga Nacional, y sobre todo en el equipo que lleva tatuado en su corazón.

“Mi hijo está allí por su convicción y seguridad en sí mismo. A él le salió la oportunidad de estar en otro equipo, pero sentía que no era para él estar en otro club que no fuera Olimpia, porque ha sido olimpista desde chiquito”, exterioriza.

No cabe duda que todas esas remembranzas de inquietud y cierta rebeldía por su pasión, influyeron directamente para que hoy sea un futbolista en el que el olimpismo y su madre, por supuesto, tienen cifradas muchas esperanzas en la final contra los Verdolagas.

Justamente hablando de ello, al consultársele, cuál sería su mejor regalo en el Día de la Madre que ya se aproxima, ella no escatima en afirmar con contundencia, “mi mejor obsequio es que él salga campeón con el Olimpia y que meta uno, dos o más goles en esa final, porque sé que eso lo hará muy feliz”.

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