Tegucigalpa, Honduras
Después de 23 de años de trabajar en el sistema de salud público, María Yanet Almendárez Rivas fue despedida por denunciar que la Secretaría de Salud escondía las cifras de los muertos por dengue. Ahora entre la cocina y la jardinería, espera los resultados de la justicia terrenal y divina sobre su caso laboral.
¿Usted de dónde es originaria?
De Olanchito, allá nací hace 48 años. Estudié en la Escuela de Niñas José Cecilio del Valle y estuve en dos colegios públicos, luego me trasladé a La Ceiba, donde entré a la Escuela Nacional de Enfermeras, graduándome de auxiliar de enfermería.
¿Cuántas hermanas y hermanos tiene?
Son varios, es que me han aparecido otros hermanos que yo no conocía. Entonces somos 12 hermanos y yo soy de las mayores. Son diez hermanas y dos varones.
¿Cuándo decide ser enfermera?
Recuerdo que una vez había unos pedidos de muñecas y yo le decía a mi mamá que me comprara una, pero que fuera vestida de enfermera. Cuando la encargaron ya no había, sin embargo, se me dio la oportunidad de ir a estudiar eso que me gustaba.
¿O sea que de pequeña jugaba a la curación?
Jugaba de todo. En las noches jugaba capeador, libre, las canastitas y saltábamos. Como en los barrios antes no había tanto peligro, uno se extendía en toda la cuadra. Incluso jugué hasta mables (canicas).
¿Cuál fue su primer trabajo como auxiliar de enfermería?
Mire que al terminar de estudiar me mandaron a realizar el servicio social a Roatán, Islas de la Bahía, pero como la situación era crítica en cuanto a adquirir enfermera, entonces en nuestro servicio social nos dieron el nombramiento como permanentes en el Hospital de Roatán, con funciones en el área de emergencia.
¿Por qué se vino de las Islas?
Renunciamos a esa plaza porque el costo de vida en Roatán era muy alto y a nosotros solo nos daban un sueldo de 675 lempiras, el cual no nos ajustaba, no mira que teníamos que viajar en avión porque en ese tiempo no había yate. Luego en 1994 ingresé al Hospital Aníbal Murillo de Olanchito, siempre al área de emergencia.
¿Cuál ha sido su experiencia en el sistema sanitario nacional?
Nosotros nos graduamos en 1992, en el 93 fuimos a hacer el servicio social a Roatán y en el 94 llegué al Hospital Aníbal Murillo, siempre en el área de emergencia. Pero como hay rotaciones estuve como cinco años en el área de pediatría, luego pase a la sala de operaciones y a la sala de neonato. Debido a que tuve un accidente me vine para Tegucigalpa a tratamiento.
¿Qué es lo más triste que ha vivido en su trabajo?
Cuando estaba en Roatán, un señor que andaba de vacaciones con su familia, creo que era un empresario, un hombre de dinero, tuvo un accidente y lo llevaron al hospital. Ese día había un gran temporal, como si se acercara un gran huracán y aquel hombre estaba muy mal, era necesario sacarlo de la isla para que lo mirara un especialista y se buscó las formas de hacerlo, con helicópteros, lanchas, pero nada. Aquel hombre me agarraba de las manos y me decía: “seño, no me deje morir, se lo ruego”. Yo casi no me quité de lado de aquel paciente, que a las horas murió. Pero mire qué cosas, el día siguiente amaneció con aquel gran sol, el mar azul, todo claro. El cadáver lo llevaron al aeropuerto y lo trasladaron.
¿Las mayores calamidades hospitalarias que vio como enfermera?
La calamidad se ha dado poco a poco, de acuerdo a las autoridades que han llegado a las instituciones, unas porque no compran las medicinas y los insumos por guardar el dinero para otras cosas, gracias a eso se han enriquecido muchos administradores en los centros asistenciales y no digamos en los regionales, mientras los pacientes... Decir esto le molesta mucho a las máximas autoridades.
¿Cuántos años como enfermera?
23 años, o sea toda mi vida.
¿Alguien dijo por ahí que usted no sabía ni inyectar?
Ja, ja, ja...Mire, a mí me da risa oír a una persona que dice que yo no sé inyectar, porque quien lo dijo nunca ha trabajado conmigo. Los compañeros y médicos con quien estuve en el Hospital de Roatán, en las diferentes salas del Hospital Aníbal Murillo, son los que pueden dar referentes de mí, pero no burócratas que nunca han visitado un centro de salud.
¿Cuántos años dirigiendo a las enfermeras?
Inicié como secretaria de vivienda, dos años; luego estuve como secretaria general y dos períodos como presidenta.
¿Alguna vez tuvo ofrecimientos deshonestos?
En el gobierno del presidente Porfirio Lobo Sosa me ofrecieron mejorar mis condiciones económicas, pero siempre fui de las personas que dije: no es este el lado que ando buscando y nunca le acepté chantajes a ningún gobierno.
¿Cuál era su salario al ser despedida?
Era de 16,200 lempiras, imagínese después de 23 años.
¿Logró sus sueños como enfermera?
Hace dos años, como enfermera adquirí una vivienda propia, la cual pagaremos, como todos los empleados, en el tiempo de 20 años.
¿Se arrepiente haber denunciado que Salud ocultaba las muertes por dengue hemorrágico?
De ninguna manera. La población tiene derecho a darse cuenta de la realidad, a saber que sus autoridades mienten, que no solo ocultan las muertes, sino que también hay cosas con los medicamentos que están dando.
¿Qué piensa de la tolerancia?
Que debe ser una cualidad que le permite a uno entender y corregir los errores. Los que gobiernan deberían ser más tolerantes a la crítica, pues son funcionarios que el pueblo les paga. Pero aquí sucede lo contrario, hay gente que solo le gusta escuchar lo que le conviene. Es como que usted tenga un hijo en el colegio y le están diciendo que está aplazado y a usted le da igual, pero ante su familia anda diciendo que su hijo es un excelente alumno. Para no incomodar a los intolerantes, muchos prefieren callar.
¿Cómo considera su despido?
Lo considero injusto, se da nada más para hacer reflejar que existe una autoridad que aplica las leyes a su manera, no como tiene que ser.
¿Decir la verdad tiene un costo en la vida?
Definitivamente. No piensan en la población, en la familia, sino que disfrutan engañando. Esto solo viene a demostrar qué tipo de personas hay en los cargos públicos. Por decir la verdad este es el precio que se paga.
¿Dónde están los que defendió?
Hay muchos afiliados y afiliadas a nivel nacional que están pendiente de mí. Por el momento, por asesoría de una persona a la cual le tengo mucho aprecio como es monseñor Rómulo Emiliani, me he apartado de la Asociación. Permanezco aquí en mi casa. Tengo la fe y la confianza que Dios hará justicia con estas personas que me hicieron bastante daño.
¿O sea que cree en la justicia divina?
Claro, es que de esa nadie se escapa.
¿Y qué hace ahora?
Como he estado un poco resentida de salud he permanecido aquí en mi casa, luego me voy a dedicar a algunos negocios, pues a mí me gusta la buena cocina y tengo mucha aceptación.
¿Y como cocinera cuáles son sus mejores recetas?
Tenemos del tapado, pero del de la zona norte; hacemos la gallina india en arroz, de maíz, hacemos la sopa de frijoles con carne salada, hacemos una gran variedad de comida, chuleta, de esa de la costa norte, con sus tajadas de plátano, también sé hacer pan.
¿O sea que hoy sí tiene tiempo para esta actividad?
Siempre las he hecho. La cocina es una de las actividades que más me gusta después de la enfermería, luego me gusta la jardinería.
Ahora fuera del gobierno, ¿cuáles son sus anhelos?
Bueno, sacar adelante a mis dos hijos, que se hagan profesionales, y seguir adelante, porque la vida sigue… El hecho de que me hayan sacado del trabajo no es que ya no pueda laborar, al contrario, me lleva a emprender nuevos retos. Es que ahora tengo más libertad para hacer cosas. Antes estaba muy entregada a la labor de mi organización, a la cual le puse mucho empeño y amor