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El dramatismo en el pincel del pintor hondureño Armando Lara

La figura humana es el eje del pintor, quien en sus 31 años de trayectoria ha descubierto que el amor, la comunicación y la relación entre el ser humano y la naturaleza son temas importantes en su vida y obra.

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19.08.2012

Todo inicia con un poco de música clásica, quizá jazz, por la tarde el cansancio merece ser echado del cuerpo con un poco de rock, porque mantener despiertos los sentidos es esencial para un pintor, y posiblemente uno u otro color esté bajo la influencia del estado de ánimo del artista.

En resumen, así es un día de trabajo de Armando Lara, un pintor hondureño que desde un lienzo en blanco hace surgir figuras humanas que representan la multiculturalidad del mundo, algunas sin rostro, porque su interés no es el individualismo.

Los cuerpos conviven en un espacio abstracto que hace sentir el dramatismo y la espiritualidad de las figuras musculosas que caracterizan su obra y que parecen escapar, reposar, esconderse o, simplemente, ser indiferentes o absorbidos por su entorno, esa es la inquietud y movimiento en la obra de Lara.

Desde hace 31 años está inmerso en este mundo sensible de las artes plásticas, tiempo que le ha ayudado a aprender de sí mismo, de los demás, a madurar su obra y caer en la cuenta de que como artista tiene sobre su pincel una gran responsabilidad.

Siempre conversó con él, y en la calidez de su estudio en Santa Lucía, acompañados por la luz intencionada que rodea su ambiente de trabajo y el sonido suave de la música, nos habló de su evolución como artista y sus nuevos proyectos.

Al salir de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1980, ¿tenía una línea que quería seguir en cuanto al tipo de pintura? No, recién egresado de la escuela yo estaba buscando, como nos pasa a casi todos, un estilo; en ese tiempo sí tenía una marcada influencia de la cultura, por ejemplo de Salvador Dalí, y un poco de los pintores clásicos renacentistas, pero no tenía un estilo ni lenguaje propio, y experimentaba mucho entre pintura, óleo, dibujos al carboncillo, y experimentaba mucho con diversidad de composiciones y formas.

¿Cómo era Armando Lara en sus inicios? Al ser una persona joven tenía muchas inquietudes, porque mezclaba entre temas muy surrealistas y otros sociales e, incluso, mezclaba temas que en ese tiempo estaban de moda, como los extraterrestres, la vida en otros planetas y esas historias, eran todas las inquietudes de un joven de los años 80.

¿Hubo un punto en el que considera que su pintura tenía otros matices, temáticas y formas? Sí, eso fue en los 90, después de tres exposiciones donde no tenía muy definido mi estilo y lenguaje y estaba buscando llegar a algo. En los 90 empecé a sentarme un poco en la pintura figurativa, especialmente empecé a usar la figura humana como punto de partida de todo lo que quiero decir en mis pinturas. Y de ahí fui escarbando mucho en la anatomía, las composiciones con la figura humana y sobre todo en los temas que yo quería manejar sobre la vida del humano a través de su figura. Eso fue algo fuerte para mí porque los artistas tenemos diferentes fuentes e inquietudes, y yo en ese tiempo me incliné por retomar un tanto a los artistas del renacimiento y tratar con ese ícono de hablar de la vida actual de los seres humanos, de la vida moderna que llevamos, utilizando los íconos de la cultura clásica, especialmente de la pintura renacentista.

¿Qué facetas del ser humano representa más? Siempre me interesó la relación del humano con la naturaleza, la parte ecológica, me preocupa mucho el tema del daño que el humano le hace a su casa, que se llama planeta Tierra, entonces ese tema lo he manejado bastante en mis obras, y es recurrente; aunque por ratos intento dejarlo, siempre aparecen cosas y quiero volver a hablar de ese tema que es muy importante, y creo que citar ese problema a través de las pinturas de algún modo puede despertar interés y reflexión tanto en los adultos como en la gente joven que mira mis pinturas.

Y el otro tema que me interesa mucho es el de la comunicación entre los humanos y la influencia de las nuevas tecnologías y, para decirlo de una forma más concreta, las redes sociales, Internet y la telefonía celular. A mí en lo particular la tecnología me encanta, pero siempre tenemos esa pregunta de si todos estos medios de comunicación están acercando a las personas o realmente las están alejando, es una pregunta que manejo bastante en mis pinturas.

¿Por qué no muestra los rostros de sus figuras humanas? Porque intento hablar de la humanidad en general, no busco hablar, por lo menos en este momento, de individualidades, sino de colectividades, entonces me siento más cómodo cuando no hago rostros, porque no quiero hablar de los africanos, centroamericanos o norteamericanos, sino de toda la humanidad; entonces es un recurso que utilizo y eso permite que mi obra pueda se interpretada aquí o en otro lugar, esa es la idea y, de hecho, se logra porque en cualquier lado donde he exhibido mis pinturas la gente entiende que estoy hablando de todos los seres humanos.

¿Qué aspectos de su personalidad refleja en sus obras? Yo creo que el más fuerte es mi admiración por la belleza, admiro mucho la belleza, es algo complejo y bastante abstracto, cada quien tiene un concepto de la belleza, pero yo admiro mucho la belleza del cosmos, la belleza de la naturaleza, la belleza de Dios, creo que el universo lo creó Dios y lo hizo con belleza, por eso pinto la figura humana, porque considero que es uno de los mejores ejemplos de la creación de Dios. Admiro mucho la belleza de la naturaleza, los animales, la belleza en el cuerpo de una mujer, en el espíritu de las personas, en el cuerpo de un hombre, todo eso es belleza y yo creo que todo está reflejado en mi obra, y a pesar de que hay temas un tanto dramáticos, siempre la obra está hecha con belleza y equilibrio, y lo que yo quiero decir trato de decirlo con belleza, y pienso que se refleja esa parte mía en la obra, eso creo que es lo más fuerte.

¿Cuáles de sus proyectos han marcado cambios en su obra? Hice una exposición cercana al año 2000 que se llamó “Comunicación interrumpida”, en la cual incursioné un poco entre la pintura y la instalación. en ese par de exposiciones que hice, una en Panamá y otra aquí en Honduras, desembocaron muchas inquietudes que tenía sobre el arte contemporáneo, el arte clásico, académico, y creo que se lograron muy buenas cosas, y esas muestras me ayudaron a ver otras posibilidades en mi obra de arte. Cerca de 2010 estuve haciendo una serie que llamé “Macroscópica”, una serie de pinturas en las que incursioné con grandes cantidades de figuras humanas, diferente a las anteriores, que sí tenían su cantidad, pero hice algunas pinturas que ya tenían hasta 50 figuras en grandes grupos, en grandes masas, y pues era interesante porque a mí mismo me impresionaba ver a tanta gente junta, y lo que eso expresaba.

¿Considera que el arte siempre debe ser racional? No, yo creo que no todo el tiempo tiene que ser racional. Pienso que cada artista tiene la libertad de hacerlo a su modo; yo he hecho obra que no es muy racional, es muy libre y espontánea, pero yo tengo esa tendencia a hablar siempre de lo racional, yo me he dado esa libertad y los artistas que no quieren hacerlo están en la libertad de hacer lo que quieran.

¿Ha cambiado mucho su visión como artista? Sí, porque al principio no me imaginaba hasta dónde me iba a llevar la pintura, y en la medida que fui haciendo exposiciones y mi obra fue siendo más conocida y cada vez más requerida por la gente que gusta de mi trabajo, y en la medida en que fui ganando premios me di cuenta de la gran responsabilidad en la que me había metido, porque al principio uno no piensa eso. Ya a estas alturas he expuesto en varios países, en esos momentos estoy representando, quiérase o no, a Honduras, y me siento muy comprometido a hacerlo bien, a hacer lo mejor que pueda y a dejar bien parado al país, aunque a veces el país ni se da cuenta de lo que uno está haciendo. Para un artista pienso que es una gran responsabilidad exhibir fuera del país, para mí es algo muy serio, porque tú no puedes ir fuera del país a mostrar malos trabajos o comportarte irresponsablemente, hay que responder con mucho profesionalismo.

A lo largo de 31 años de carrera, ¿qué ha descubierto de usted mismo como artista? Sobre mí mismo... creo que el arte le va ayudando a uno a descubrir cosas que en algún momento dado de la juventud no las tiene muy marcadas. A través del arte yo me he convencido del interés que tengo por los seres humanos en general, porque el arte es mi medio de expresión de lo que siento y pienso, entonces es recurrente para mí hablar del amor entre las personas, siempre que intento expresar algo, siempre que nace en mí el sentimiento de dibujar o de pintar quiero abordar esos temas. En algún momento dado uno piensa que puede dejar de hablar de ellos, pero he descubierto que es un tema muy fuerte en mi vida, toda mi vida se ha ido configurando en ese tema, y el arte me ha ayudado a desvelar eso con el tiempo.

¿Qué opina del trabajo de los artistas jóvenes? Hay artistas que están haciendo un trabajo muy serio y profesional, pero creo que algunos están cayendo en una trampa, en la trampa del facilismo, en querer que las personas creamos que están haciendo cosas monumentales, y realmente están haciendo cosas que repetidamente se han hecho, y verdaderamente no están aportando muchas cosas nuevas. Pero bueno, son artistas jóvenes y espero que con el tiempo ellos vayan viendo esas cosas. Me alegra porque el arte no puede estancarse, el arte tiene que moverse, tiene que caminar, solo que esperamos que avance para cosas buenas. No siempre todo lo que es moderno es bueno, hay cosas de la sociedad y del arte que hay que conservarlas, entonces, en ese sentido, me refiero a que hay algunos jóvenes a quienes les falta madurar un poco su trabajo.