Una vez me llamaron de la Embajada de Japón en Honduras y me dijeron que el señor embajador quería reunirse conmigo... “¡Un viaje!”, pensé, ja, ja, ja...
Me recibieron con todo el protocolo. Ya teníamos como dos horas platicando y tomando té y más té y él no me decía nada. Yo me preguntaba “¿para qué me habrá llamado? ¿A qué horas me irá a hacer la invitación?”, ya por último me dice: “Lo mandé a llamar porque tengo una gran inquietud... quiero saber... ¿quién es la mujer araña?”. “¡Santo Dios!”, dije yo en mi interior.
Así, con la habilidad de un buen contador de historias, el reconocido periodista Armando Villanueva relata las distintas facetas de su vida.
¿De dónde es originario y quiénes son sus padres?
Nací en San Pedro Sula, mi papá Francisco Villanueva ya murió, era salvadoreño, del departamento de Cabañas; mi mamá Angelina Menjívar es hondureña, de la costa norte, de los campos bananeros. Somos nueve hermanos y mi mamá nos crió lavando y aplanchando ropa ajena, porque mi papá se fue del país durante la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969.
¿O sea que cuando juega Honduras contra El Salvador usted no sabe a quién apoyar?
No, voy con Honduras cien por ciento, pero sí soy un admirador del pueblo salvadoreño.
¿Su papá volvió a Honduras?
No volvió nunca.
Él se fue para Nicaragua un tiempo a trabajar, luego regresó a El Salvador, allá conoció a alguien y tuvo más hijos. Después nosotros solo teníamos una relación a nivel de cartas, luego se cortó la comunicación.
¿Dónde estudió?
Vine a Tegucigalpa a los cuatro años de edad, realicé la primaria en la escuela Álvaro Contreras y en la Simón Bolívar; luego quise estudiar de día pero no pude, mi mamá no tenía capacidad. Quería estar en una banda de guerra. Entré al colegio a la jornada nocturna, a los 17 años, cuando yo ya podía sostenerme. Primero estuve en el instituto Gustavo Adolfo Alvarado, en la jornada nocturna, de ahí en el colegio Latinoamericano donde me gradué de bachiller.
¿Se le cumplió el sueño de estar en la banda de guerra?
No, nunca, porque generalmente buscan a la gente que está en la jornada diurna y yo nunca pude estudiar de día, porque le ayudaba a mi mamá y a mis hermanos menores para que estudiaran.
¿Si deseaba estar en una banda de guerra, suponemos que le gustaba el ejército?
No, a mí lo que me gustaba era tocar el tambor o el clarinete. Yo quería ir con el redoblante y que las palillonas fueran adelante, pero nunca se me cumplió ese sueño. A la gente le gustan mucho los desfiles. Ahora con este conflicto político ideológico la gente se ha dividido y hay dos desfiles, el tradicional y el de la resistencia y los dos se llenan.
¿Será por las palillonas?
Será por eso, ja, ja, ja, ja, ja…
¿Si se graduó de bachiller, por qué escogió periodismo?
Yo siempre quise estudiar periodismo. Siempre me gustó esta profesión. Recuerdo acontecimientos como la muerte de Francisco Franco y la guerra con El Salvador, en ese tiempo era un niñito y ya escuchaba la radio. Cuando aprendí a leer me leía los periódicos. Me acuerdo bien cuando terminó la guerra en Vietnam, en una portada de diario La Prensa se miraban los barcos retirándose de la península de Indochina donde Estados Unidos había sido derrotado y regresaban con sus equipos y sus hombres, diríamos, con la cola entre las piernas.
¿Considera que tuvo una buena formación como periodista?
Falta mucho que hacer en la Escuela de Periodismo, los catedráticos hacen lo que pueden en el contexto de una universidad que obviamente adolece de mucha tecnología.
¿Cómo inició su caminar en el periodismo?
En el segundo año de estudiar periodismo, entre el 82 y el 83 ya dirigía un periodiquito en mi partido que es la Democracia Cristiana, editaba un boletincito cada 15 días. Si mal no recuerdo, incluso en las elecciones del 81, recién ingresado a la universidad manejaba un programa, creo que era en Radio Monumental, también de la Democracia Cristiana. En el 84 ya tenía un programa en Radio Tegucigalpa, ya después, como en mayo de 1986, entré como reportero a esa emisora y luego en octubre de 1986 llegué a EL HERALDO y ahí estuve hasta como en el 2001.
¿Y su experiencia en la prensa escrita?
Como reportero tuve muchas experiencias. Me tocó cubrir fuentes complicadas en aquella época como los temas de derechos humanos cuando aquí se perseguía a la gente. A Ramón Custodio yo lo admiro mucho, porque en aquella época yo cubría el Codeh, él era su presidente y era un hombre que -como dicen los hondureños- los tenía bien puestos, se enfrentaba a los militares y les decía las cosas en la cara, cuando los militares aquí eran los militares, la gente los llamaba gorilas, un poder, ahora nada que ver los militares con lo que eran antes. Me tocó cubrir parte del periodo presidencial de José Simón Azcona, el gobierno de Rafael Leonardo Callejas, el de Carlos Roberto Reina y de Carlos Flores.
¿Cuál es la cobertura que más recuerda?
El fin de la guerra en El Salvador, cubrimos la firma del acuerdo de paz, el desmantelamiento de los campamentos guerrilleros, la contra en Nicaragua, así como varias cumbres; pero lo que más recuerdo es el caso de una niña. Una vez andaba en el carro del periódico en la colonia San Francisco, cuando vi que una niña se arrastraba por la calle de tierra, cubierta por un material con filo donde el que caminaba descalzo podía dañarse los pies, pero esta niña no solo andaba descalza, sino que se arrastraba, se empujaba con dos cosas como esas palas que usan los albañiles. Pero lo que más me conmovió fue que iba para la escuela, con uniforme, camisa blanca y la faldita azul y con una mochilita, me detuve y comencé a hablar con la gente y me dijeron que ella tenía un problema de nacimiento. Le hice un reportaje y lo sacamos en una página completa, a los días me llamó a su oficina el director de EL HERALDO porque ahí estaba una persona que había leído el reportaje y quería llevarse a la niña para Estados Unidos, y se la llevó, luego la pequeña regresó caminando con prótesis y llegó a agradecerme.
¿Cómo nace la columna Apuntes?
Como La Tribuna sacó una primero y nosotros fuimos competencia de La Tribuna, pero ahora La Tribuna es competencia de EL HERALDO, entonces vi la necesidad de crear una columna para competir y comencé a redactarla, le puse apuntes políticos. A veces no la publicaban, hasta que un día hablé con el director y le dije si van a publicar porque yo no podía estar haciendo el esfuerzo y que no le pararan bola, entonces él dio la orden de que la publicaran siempre, pero la dejaron nada más con el nombre de apuntes.
¿Cómo surge el personaje de la mujer araña?
A veces uno como periodista se ve obligado, y es un principio, a proteger la fuente. En realidad surgió de una persona. En tiempos del presidente Reina había una persona que así le decían en la Casa Presidencial. Decían que esa mujer, muy guapa por cierto, era muy astuta para mantenerse en el poder, para metérsele al Presidente, a los ministros -como decimos- para caer siempre parada; luego el periodo de Reina terminó y entonces se acabó la mujer araña, pero había que ver la manera de seguir con el personaje. Una vez, un amigo me llama, diciéndome que andaba en una reunión y que fuera porque en ese lugar había una convención de mujeres arañas, eran varias doñas de esas poderosas y hermosas.
Como que cada gobierno ahora tiene su mujer araña. Una anécdota, una vez me llamaron de la Embajada de Japón en Honduras y me dijeron que el señor embajador quería reunirse conmigo... “¡Un viaje!”, pensé.
Me recibieron con todo el protocolo. Ya teníamos como dos horas platicando y tomando té y más té, y él no me decía nada. Yo me preguntaba, “¿para qué me habrá llamado? ¿A qué horas me irá a hacer la invitación?”, ya por último me dice: “Lo mandé a llamar porque tengo una gran inquietud... quiero saber... ¿quién es la mujer araña?”. “¡Santo Dios!”, dije en mi interior.
Otra vez, cuando era secretario de prensa del presidente Ricardo Maduro me invitaron a una cena de despedida del embajador de Francia, estaba como canciller don Guillermo Pérez Cadalso, y cuando comenzó a leer su discurso el embajador francés dijo: “Quiero decir que lo que más lamento al irme de este lindo país es que ya no podré desayunar con mi esposa en el balcón de mi casa, tomar el periódico y comenzar a leer lo que dice aquella que todo lo sabe y todo lo puede”, esa fue la mejor parte del discurso.
¿Qué problemas ha tenido con esta columna?
Uhhh... muchos enemigos, porque a la gente no le gusta que le digan las verdades y sobre todo cuando andan en malos pasos, entonces eso me ha granjeado antipatías y he recibido amenazas de todo tipo.
Como secretario de Prensa de Maduro, ¿qué tal la experiencia?
Es una de las experiencias más desafortunadas, más negativas que he tenido en mi vida. Ahí me di cuenta de que si como periodista vas a ser secretario de prensa de un gobierno, tenés que tener mucha confianza con el Presidente. Un periodista, como portavoz del Presidente, debe tener acceso a él y si tenés acceso restringido no podés trabajar.
¿O sea que nunca tuvo acceso a Maduro?
Yo nunca tuve acceso a él. No tenía ni acceso al secretario privado de él, que era Ricardo Álvarez, ni siquiera el teléfono me dio nunca, ¿y así cómo iba a trabajar? Así estuve como tres meses, imagínate, yo tenía que conseguir la agenda del Presidente con segundones y tercerones que andaban con Ricardo Álvarez. A Maduro solo lo puede ver dos veces siendo Presidente, una vez que le pedí una reunión y me la concedió y le dije que ahí yo estaba pintado, sin acceso a nada. Le expliqué que ni siquiera tenía acceso a su agenda. Le manifesté que yo más bien parecía conserje y que lo único que hacía era enviar fax o boletines a las radios. Me dijo: “Mirá, no te preocupés, eso va a cambiar”. Pasó un día, una, dos, tres y cuatro semanas y todo igual y quizá peor. Luego le pedí una reunión para volverle a recordar, pero como nunca lo pude ver, entonces redacté la renuncia, intenté inclusive verlo para entregársela y tampoco pude.
¿Cómo hizo llegar la renuncia?
Con un edecán de él, le dije que me hiciera el favor de entregarle el sobre al Presidente, obviamente no le dije que era mi renuncia. “Como no, licenciado”, me dijo el edecán a quien le pedí que me llamara cuando se lo hubiera entregado y efectivamente en la noche me dijo: “Señor, misión cumplida”, eso fue todo.
¿Supongo que Maduro lo llamó al recibir su renuncia?
Qué va, para nada. Yo volví a ver a Maduro dos años después de que pasó eso.
Si no tenía confianza, ¿cómo lo nombró secretario de Prensa?
Yo fui amigo de Maduro, y estuve con él en la campaña desde el primer día que se lanzó y toda la campaña. Supuestamente éramos amigos, andábamos en todos los pueblos, en helicópteros juntos, pero no sé, el candidato es una cosa y el Presidente es otra. El hombre ya una vez siendo Presidente con el señor Luis Cosenza, con el señor (Ramón) Medina Luna, con el mismo Ricardo Álvarez, yo no lo volví a ver.
¿Quiénes le ponían los obstáculos para llegar al Presidente?
Luis Cosenza y Ricardo Álvarez.
¿Había competencia por ese puesto?
No sé, a mí me trataron muy mal, Maduro, todo su equipo, incluso Ricardo Álvarez.
¿Es cierto que Maduro era alérgico a la prensa?
Siempre él fue alérgico, pero depende como usemos el término alérgico, yo no utilizaría el término alérgico, ese término se lo reeditaría al presidente Reina; yo diría que a Maduro los periodistas le valían chancleta, no le importaban, nunca le importaron, eso es lo que pasaba con él.
Ahora, ¿cómo fue esa transición de la prensa escrita a la televisión?
Me fui a la televisión obligado por las circunstancias. Al salir del periódico se me presentó la oportunidad en la televisión, nunca pensé que ahí iba a hacer carrera.
¿Por qué se perdió dos meses del Foro de canal 10?
Estaba de vacaciones. Fui a Nueva York en Navidad, era un sueño que se me cumplió, pero el 30 de diciembre que regresé, ya antes el director del canal me había mandado un mensajito pidiéndome que tomara otro mes de vacaciones por motivos de auditoría, la que sugirió limpiar las vacaciones de todo el personal porque había muchas vacaciones acumuladas, pero comenzaron por ahí un montón de especulaciones.
¿Usted había denunciado amenazas por su trabajo periodístico?
El año pasado estuvieron muy fuertes, gente sin escrúpulos llegó al extremo de “hackear” mi correo, me intervinieron mi teléfono descaradamente. El correo que tenía me lo cerraron, nunca más pude entrar. Cometieron la osadía de sacar fotografías que circulan en Internet y me las pusieron a mí, me pusieron como un vulgar enfermo. Una campaña montada. Luego amenazas a muerte, a veces he tenido que andar con seguridad, pero poco a poco vamos superando eso.
Para terminar, ¿en qué quedó una detención policial por un supuesto problema de pareja?
Yo tenía una pareja, soy divorciado, conocí una persona y esta persona, sin haber motivo alguno, me denunció. Después me di cuenta de que la habían utilizado algunos sectores de estos grupos de mujeres, que agarran a alguien como enemigo, y dijeron que yo era golpista y se ensañaron conmigo. Nunca pasó lo que decían que había pasado, incluso en un diario de San Pedro Sula, que aprovecharon para hacer escarnio, decían la esposa, ella nunca fue mi esposa; luego decían que me habían condenado a barrer, nunca me condenaron a barrer; fue un juicio normal y mi caso fue sobreseído de forma definitiva porque no encontraron nada. La detención en realidad fue porque yo andaba una arma y el permiso estaba vencido.
¿Le molesta que le digan el apuntador?
No para nada, alguna gente me llama así en la calle. Así me puso el expresidente Flores que es buenísimo, es pelis, para poner apodos.