Opinión

Tan increíble como inadmisible

(APG). Agosto, 2013. En Niemand am Rathaus, pequeña ciudad de los Alpes austríacos, se reúne el Grupo Mundial de Consulta sobre Morfología y Economía del Bache, convocado por organismos internacionales.

Interrogada la presidenta de la Consulta, la doctora francesa Royaume de Queldommage, sobre los objetivos del evento, contestó:

“Al G37 le inquieta el costo de los baches en las economías en desarrollo. Según el G29, reparar baches y su daño a vehículos es hoy el 0.0373% del PIB de los países pobres; hace 25 años era el 0.00301%.

El G40 opina que los baches elevan los déficits fiscales y comerciales. En algunos países, como Honduras, las economías tropiezan en sus propios baches.”

“¿Por qué Tegucigalpa es caso de estudio?”, preguntó otro periodista.

“Lo propuso el G27. La media de los países en desarrollo es de 0.00012 personas por bache. En Tegucigalpa es al revés: 12.1 baches por persona. Los baches, además, elevan los gastos de salud, afectan la estabilidad emocional de las personas”.

¿Sabía usted algo de esto?

¿Cómo es que ni las facultades ni los colegios de ingeniería y economía, ni las alcaldías ni Soptravi ni las ONG asistieron a la Consulta?

Lo supe por un correo de Cecekco Mubutu, un amigo de Kenya que fue compañero en un curso de Macroeconomía en Harvard, hace muchos años. Él asistió a la Consulta con la delegación del G31.

Cecekco, hombre refinado, es gourmet de quesos selectos. “Invítame a Tegucigalpa, que con tantos hoyos parece queso suizo”, bromeó cuando me mandó documentos de la Consulta.

He aquí breves extractos de algunos.

Morfología. “En Tegucigalpa, el problema tiene más de 50 años. Los altos costos y la escasa duración de las reparaciones son parte del sistema”.

Se pensó entonces en bajar costos por el lado de los autos. Se hizo, desde GPS, complejos estudios de geometría fractal para calcular medidas de superficies, diámetros, profundidades, estacionalidades, a las que acomodar el rodaje de las llantas y sus anillos, así como la amortiguación. Resultado: los baches de Tegucigalpa son impredecibles, y opondrían feroz resistencia al cambio.

Gastos asociados. Crecen los gastos médicos, sobre todo en urología y psiquiatría.

A veces, el salto provocado por un bache es tan violento y sorpresivo que descoloca los riñones de los conductores.

Otros agrandan la próstata de los hombres, glándula perpendicular al punto donde confluyen los brincos de los vehículos.

Psicólogos vieneses sospechan que el carácter cada vez más irritable y violento de los capitalinos está relacionado con las rabietas impotentes que provocan los baches.

Clasificación. Las variedades son infinitas. He aquí algunas.

Públicos y privados. Dos agencias oficiales, una de aguas y otra de teléfonos, se disputan la paternidad de los baches.

Casi todos son públicos, vinculados por la baja calidad de las obras originales.

Los baches se asocian colegiados en grupos con intereses comunes. Hay colonias y sindicatos de baches.

No se resisten al bacheo, pero reaparecen tan pronto como se retiran los obreros.

Hay baches perversos. El vehículo pasa despacio sobre uno, pero otros le revientan las llantas traseras.

Entre los pocos baches privados, los hay en alto relieve, algunos muy artísticos. Son de concreto, derramado sobre el asfalto por compañías constructoras.

Hay baches navegables, románticos bajo la luz de la luna. El auto puede quedar varado a medio bache. El conductor debe salir en canoa.

Otros son exportables. Las tapaderas metálicas de los tragantes de aguas lluvias, robadas y fundidas, son exportadas a China.

Cecekco hizo una valiosa reflexión final.

“Después de dos generaciones de baches, Tegucigalpa se ha habituado a ellos.

Así como los mejores pilotos son los que aterrizan en Toncontín sin estrellar sus naves, así los mejores conductores son los que han aprendido en Tegucigalpa el azaroso oficio de culebrear entre toda clase de baches, y llegar en una sola pieza a sus destinos (ellos, porque los autos no tienen tanta suerte).

Pero hay otros baches que explican los que dominan las calles. Son agujeros profundos, que se alojan en la moral de los líderes. No se acostumbren a ellos, o terminarán de perder su país.”

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