Es obvio que también desde la titularidad del Poder Ejecutivo se producen permanentes atentados contra la institucionalidad, contra el sistema democrático y contra los ya desprestigiados políticos.
Los mismos casos (y por supuesto muchos otros más) que mencionábamos ayer en nuestro editorial 'Atentados contra la institucionalidad' sirven para ilustrar la forma en que el diputado presidente Juan Orlando Hernández contribuye a desprestigiar al Poder Legislativo; ya una vez en el campo del Ejecutivo -antes o después- también son ejemplos de cómo el presidente Porfirio Lobo y sus colaboradores ponen en precario la confianza y la credibilidad del pueblo en sus instituciones, en sus gobernantes y en el sistema político y económico en que vivimos.
En primer lugar, el gobierno del presidente Lobo no ha cumplido ni siquiera con la repetida promesa de 'trabajo y seguridad'.
Nadie puede negar que el actual gobierno recibió el poder en circunstancias y situaciones muy difíciles y complicadas; de allí que también es entendible la falta de cumplimiento en sus metas. Lo que es inaceptable es que no haya hecho ni esté haciendo nada concreto para solventar dos problemas claves de los hondureños: el desempleo y la impune criminalidad.
Peor aún, algunas de sus acciones más bien intensifican esos problemas, como cuando se castiga con más y más altos impuestos a los sectores productivos y a los ahorrantes, o cuando se coloca al país en desventaja competitiva, como ocurre al pretender elevar al cien por ciento los cobros aeroportuarios, en detrimento de la industria turística y todos los demás sectores que viven o se benefician de ella.
También se empeora la inseguridad, y la imagen del país, cuando la presión de unos pocos valientes junto a los medios de comunicación pone al descubierto que la Policía ya no está al servicio de la ciudadanía honrada, sino que está copada por delincuentes de la peor calaña; y el gobierno del presidente Lobo sigue dándole largas a la intervención y depuración con paños tibios que más bien permiten a los delincuentes limpiar las evidencias que pudieran implicarles junto a sus compinches de diferente escala.
No son los medios de comunicación quienes van a 'bajarle la moral a este pueblo' ni los 'intereses económicos' los culpables de las críticas contra el gobierno. Son las malas decisiones, la corrupción, la ineptitud, la falta de acciones positivas concretas las que atentan contra la autoestima popular, contra el país en general, contra la institucionalidad, la democracia y la ya alicaída credibilidad de los políticos.