Recientemente concluyó en Zambrano, Francisco Morazán, el II Campamento Musical, auspiciado por la Embajada de Estados Unidos de América, que contó con la participación, en calidad de instructores, de destacados músicos procedentes de varios países del continente pertenecientes a la Orquesta Juvenil de Las Américas (YOA, por su sigla en inglés) y agrupó un ensamble instrumental de 120 jóvenes músicos hondureños de Tegucigalpa y San Pedro Sula. Durante diez días, esta Orquesta Sinfónica Juvenil recibió entrenamiento y efectuó prácticas para ofrecer un programa musical de muy alta calidad, que fue disfrutado por la población melómana de Tegucigalpa y Valle de Ángeles (15, 16 y 17 de marzo). Constituyó una gratísima experiencia comprobar una verdad que ha sido reconocida incluso por expertos a nivel internacional: que en Honduras nuestra niñez y juventud son poseedores de un gran e innato talento natural para la música.
No otra cosa fue la que demostró la Orquesta de Cámara Infantil de Tegucigalpa, conducida por la joven Silvia Monroy, al interpretar con mucha nitidez y expresión el “Coro de Saint Anthony” del compositor austriaco del siglo XVIII, Franz Joseph Haydn (1732-1809). Estos niños constituyen la cantera de que habrán de surtirse, en pocos años, nuestras agrupaciones sinfónicas juveniles y aún las profesionales.
Una agradable sorpresa fue escuchar a la Sinfónica Juvenil interpretando la obra intitulada “Cinco estrellas” del compositor y director coral y orquestal hondureño Leonel López, conducida por él mismo. Es una obra de juventud, compuesta originalmente para cuarteto de cuerdas en 1992, e instrumentada por su autor en el año 2005. Temas folklóricos y populares de autores hondureños fueron hilvanados con mucha categoría y solvencia en un lenguaje vanguardista por el compositor López, a quien también recordamos como excelente intérprete de oboe.
La obra de fondo del programa estuvo constituida por la sinfonía No. 4 en re menor del compositor romántico ruso Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893). En este caso, el director fue el joven maestro Andress Lopera, de origen colombiano, y residente en la ciudad de Portland, Oregon, con vasta experiencia en el campo de la conducción orquestal.
Esta obra la escuchamos, y por primera vez interpretada en Tegucigalpa, en un concierto dirigido por el ya mencionado Leonel López con la Orquesta Sinfónica Nacional de Honduras en 1997. Algún conocimiento tenían, entonces, varios de los jóvenes que recientemente la interpretaron en el Teatro Manuel Bonilla. Se trata de una sinfonía de altos quilates, que Tchaikovsky compuso en 1877 y fue estrenada en Moscú el 22 de febrero de 1878 bajo la conducción de Nicolás Robinstein, obteniendo de inmediato un resonante éxito.
Aunque el compositor negó que su cuarta sinfonía tuviese un programa (un argumento), a la pregunta que en una carta le hiciera su protectora y amiga, Madame Nadieshda Van Meck, es evidente que el dramático tema inicial de la obra, que aparece repetidamente en el resto de la composición, se equipara al “Tema del destino”, que ya fuera utilizado por algunos de sus antecesores (Beethoven en su Quinta Sinfonía y Brahms en su 1º sinfonía).- A pesar de ello, Tchaikovsky contesta a su interlocutora epistolar (únicamente por esa vía se comunicaban)”¿Cómo podrían expresarse los sentimientos vagos que nos llenan durante la composición de una obra instrumental sin título? ”.
“Es un procedimiento enteramente lírico: la confesión de un alma repleta de impresiones que ahora se vuelcan en sonidos; es parecido a la que ocurre al poeta que se expresa en versos. La diferencia está en que la música posee medios de expresión incomparablemente más ricos y constituyen un lenguaje mucho más fino para representar los múltiples momentos del alma”. Hasta aquí lo expresado por el compositor.
En esta cuarta sinfonía, uno disfruta de la infinita capacidad de producción melódica y temática de Tchaikovsky (únicamente comparable a la de sus predecesores Mozart y Schubert). El tema del fátum (destino), es alternado con temas de profundo lirismo y otros de carácter folklórico y popular, lo que fue una constante en la obra musical sinfónica del compositor ruso.
La orquesta respondió con gran inspiración a la conducción del maestro Lopera, cuyo estilo de dirección reveló mucho carisma, sobriedad y compenetración con el carácter de la obra de Tchaikovsky, que ya había puesto de manifiesto en la Obertura Festiva de Dimitri Schostakovich y en las Danzas Polovetsianas de la opera “El príncipe Igor”, de Alexander Borodin, interpretadas al inicio del concierto.
La Orquesta lució muy completa (en la Sección de Cuerdas : 25 violines, 9 violas, 7 violonchelos y 7 contrabajos y en la sección de viento: 8 cornos, 5 trompetas, 4 fagots, 3 flautas, 3 oboes, una tuba y cuatro trombones más 12 percusionistas.
¡Qué maravilloso sería si la tuviéramos constituida de manera permanente en esas proporciones! ¡Ya llegará el momento!
Tegucigalpa, MDC, marzo de 2013