Desde el inicio del gobierno, el presidente Porfirio Lobo Sosa batió todos los récords, fundando más ministerios, comisionados, juntas, interventoras, al grado que la mayoría de su familia es parte de la “maldita burocracia”.
Percibimos, como siempre, a un “Pepe” hastiado de sus propios males, cuando, de gira en Santa Rosa de Copán, dijo que por culpa de la “maldita burocracia” apenas un 8 por ciento de su “impuesto de guerra” se destinó en 2012 para la lucha contra la delincuencia.
Nos llamó poderosamente la atención cuando un incisivo periodista copaneco le respondió al mandatario que él dirige la “maldita burocracia” siendo incapaz de cumplir con sus promesas de campaña.
De inmediato, Lobo alegó no estar molesto, sino impotente ante tanto infortunio porque sus colaboradores son gandules mientras arremete a los hondureños con groseros impuestos para reforzar una fracasada e improvisada política de seguridad.
No cantó el mandatario que él es director técnico de esa nutrida, infecunda y “maldita burocracia”. Lobo no solo es padrino de su rediviva pachorra sino de desarrollarla delegando a casi toda su casta con licitaciones y compras del Estado.
“Pepe” cuestionó tanto a su íntimo “Mel” y es un indiscutible campeón en nombrar comisiones interventoras en la DEI, en el Ministerio Público, en el Ihnfa, en el Pani, en la Empresa Nacional Portuaria y la más reciente la relacionada con la canasta básica.
Su resultado es cero. Lo único que han generado es más papeleo, intrigas y ambiciones desmesuradas. Si un solo oficinesco urge un motorista, una secretaria y un guardaespaldas, ahora necesitarán de 9 y hasta de 12 para deleitar a sus activistas.
¡Qué jactancia! Tenemos un presidente sagaz. Saca uno, mete tres y hasta cuatro. De remate, debemos mantener otra de sus delegaciones para hipotecarnos el pan. Nos tiene súper goleados honorable presidente con “su maldita burocracia”.