Opinión

Otra riqueza al descubierto

El reciente reportaje de la prestigiosa revista National Geographic, con base en una expedición científica para comprobar en el terreno la existencia de una nueva zona arqueológica en Honduras –descubierta desde el aire en 2012 mediante mapeo láser, después del cual EL HERALDO también visitó la zona--, reabre las expectativas sobre la importancia del hallazgo tanto para los hombres de ciencia como para los aventureros y el público en general, porque en medio de todo recobra fuerza el mito de la “ciudad blanca” de oro, que fue conocido por el propio Hernán Cortés.

Pero más allá de si finalmente se tratara de la legendaria ciudad –comparada por muchos con El Dorado–, lo que sí ya no cabe duda es que el descubrimiento de vestigios de grupos humanos precolombinos en La Mosquitia se irá manifestando como un acontecimiento de impacto mundial en la medida en que se vaya confirmando lo encontrado con el “escaneo” con rayos láser y se logre identificar a la civilización que la construyó y sus logros.

Aunque prácticamente todo lo relacionado con la “Ciudad perdida descubierta en el bosque lluvioso hondureño” --como titula su reportaje National Geographic-- está en las etapas primarias de la investigación, el hecho mismo de su prístina existencia y los comentarios de los primeros científicos que llegaron al lugar con relación al estado de perfecta conservación, totalmente libre de la presencia humana, en que se encuentra la zona; a tal grado que el etnobotánico Mark Plotkin la considera “la selva menos perturbada en Centroamérica”, es una evidencia más de la abundancia de recursos con la que todavía cuenta esta empobrecida Honduras.

Por lo pronto, esperemos que las investigaciones sobre lo que algunos creen puede ser solo una de las ciudades de una “civilización perdida” que floreció en La Mosquitia confirmen las expectativas, que se proteja el sitio de los saqueadores y que desde ya se diseñen estrategias para que sea Honduras la principal beneficiaria del importante hallazgo y del manejo racional de la rica e inexplorada biodiversidad de la zona.

Todo esto representa otra oportunidad no solo para aprovechar inteligente y honestamente los recursos con que contamos para beneficio de las actuales y las futuras generaciones, sino para elevar nuestra autoestima y sacudirnos de los traumas causados por malos gobernantes que hacen de este un país pobre, corrupto, violento y subdesarrollado.