Opinión

Migración planificada

Como ya es una característica del periodismo de investigación de EL HERALDO, no se han escatimado esfuerzos y recursos para adentrarnos en la situación de nuestros compatriotas que viven y trabajan en Canadá, sea bajo la modalidad de contratos laborales o en situación irregular.

La falta de oportunidades es la causa fundamental que impulsa a miles de nuestros compatriotas a desplazarse hacia otras latitudes en búsqueda de empleo. Y la nación norteamericana se ha sumado, como punto de destino, para hombres y mujeres que, por períodos temporales específicos, venden su fuerza de trabajo en la agricultura y la construcción, básicamente.

Cuando existe de por medio un contrato laboral las condiciones de vida y de remuneración mejoran respecto a quienes se aventuran, sin ninguna protección legal ni garantía de empleo, en los países del Primer Mundo, hoy afectados por una prolongada y severa recesión que ha provocado, entre otros males socioeconómicos, un incremento en la tasa de desempleo.

Países como Filipinas capacitan a sus migrantes previo a su partida al extranjero, de acuerdo al tipo de trabajo que van a desempeñar, lo que facilita su inserción en los puestos que van a ocupar, con el propósito de “exportar” mano de obra calificada tanto en destrezas manuales como lingüísticas.

Las naciones receptoras también se benefician de esta migración planificada, tal como lo atestiguan Alemania, cuya reconstrucción de post guerra se hizo realidad gracias a la disciplina y laboriosidad tanto de su pueblo como de los “trabajadores huéspedes” procedentes de Turquía, España e Italia. Algo similar ha ocurrido en Estados Unidos, beneficiado con millones de migrantes que, desde el siglo XIX en adelante, poblaron sus campos y ciudades, construyendo conjuntamente con la población local, las bases de su poderío económico.

Idealmente, nuestros compatriotas no deberían buscar horizontes en latitudes foráneas; deberían buscar “el sueño hondureño” en su propia tierra, sin necesidad de arriesgar sus vidas y alejarse, temporal o definitivamente, de sus familiares. Lamentablemente, la realidad que vivimos ha provocado que el éxodo humano, lejos de reducirse, cada vez se incremente más, a pesar de los riesgos de todo tipo inherentes en ese desplazamiento.

Entonces, si deben migrar, que lo hagan amparados por contratos que garanticen empleo seguro, adecuadamente remunerado y con protecciones en materia de seguridad social.

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