Ante la desbordante vorágine de criminalidad, ojalá que las más recientes medidas que se han tomado no sean solo para aparentar que se está haciendo algo; que no sean acciones aisladas e improvisadas; que se hagan en el marco de la ley y con el más absoluto respeto a los derechos humanos y que sean efectivas porque los hondureños ya estamos hartos de las deficiencias y lentitudes mostradas por quienes nos gobiernan.
Pero dentro de la celeridad con que deben actuar las autoridades, también tenemos que ser pacientes y no esperar curas milagrosas que actúan con la velocidad del rayo.
De hecho, los esfuerzos actuales van enfocados a limpiar a la Policía Nacional de los elementos corruptos y delincuentes de toda laya que están manchando el uniforme, algo que desde hace años se mencionaba a nivel popular pero que ni los políticos ni los propios medios de comunicación les dábamos credibilidad.
Apenas unos cuántos valientes defensores de los derechos humanos se atrevían a gritarlo a los cuatro vientos, pero sin encontrar siquiera la resonancia debida.
Esperemos que ahora sí se depure a la Policía Nacional como muchos creíamos que ocurriría al ponerse al descubierto, --con el asesinato de un hijo de la Rectora de la UNAH en octubre del año pasado--, que muchos oficiales y agentes no solo son ineficaces contra los delincuentes sino que se han cambiado de bando, traicionando al pueblo que pagó por su formación, los armó y les paga un salario y sus ascensos.
Debemos recordar, sin embargo que los policías delincuentes solo son parte del problema; una parte clave, es cierto; pero que extirparlos del cuerpo policial no lo soluciona todo.
Todavía queda el crimen organizado, como las mafias del narcotráfico y los mareros; pero también ladrones de todo tipo, secuestradores, asesinos a sueldo y otros civiles, ex policías o ex militares, a los que se debe sacar de circulación para ponerles a las órdenes de la justicia.
Claro, para que esto se cumpla también se debe materializar la prometida limpieza en la Fiscalía, en el Poder Judicial y en los centros penales a fin de evitar que fiscales, jueces y carceleros corruptos sigan permitiendo y promoviendo la impunidad imperante.
Por lo pronto, las esperanzas son que la tan esperada depuración policial se haga efectiva ya, sin darle más largas al asunto como ha ocurrido hasta ahora.