Opinión

¿Es que no vamos a dejar de llorar? ¿Por los buenos muertos por ser buenos. Por negarse a callar y a ser indiferentes a la forma obviamente inútil de combatir la criminalidad? ¿O por tanto inocente, sin nombres conocidos unos, pero con hijos y con madres cuyo llanto parece indiferente a los obligados a garantizar su seguridad?

Las buenas intenciones dejaron de impresionarnos. Más claro no puede ser, son insuficientes. Como lo han sido aquí y en cualquier parte del mundo el endurecimiento de las penas. Será rentable únicamente para aquellos que nos tienen hartos de encontrar en toda decisión el provecho a la exposición mediática como usufructo electorero. Qué cansados y qué dolidos nos tienen. Qué desconfiados nos volvieron. ¿Dónde, cuándo se ha visto que el delincuente se frene de delinquir por calcular la magnitud del castigo que merezca? Sí, peor es nada. Lo que sí considera quien anda al margen de la ley es la incapacidad del Estado para frenar su actividad, que la investigación no sirve, que no lo van a descubrir. ¿Pero cuántos muertos más serán necesarios? ¿Cuántos más de los que defienden los derechos humanos tienen que ser asesinados? Sea cuál sea su ideología, igual los queremos y les agradecemos. ¿Cuántos más de los que no calculan los riesgos para velar por los intereses comunes tendremos que llorar para que de una vez por todas corten la indulgencia con la criminalidad?

La Interventora Policial es lo importante y lo urgente. Y que también les sirva para su propaganda. No vamos a cuestionarles si la crean y apoyan para que funcione. Mataron a Alfredo Landaverde. Patriota modelo de integridad y entrega a Honduras. Que Landaverde no descanse en paz. Que su estela inspire el desprendimiento que merece la patria. Para que no nos la arrebaten. Hoy lloramos de dolor, de impotencia y de indignación. ¿Qué van a hacer las autoridades para que no sigamos llorando a los buenos muertos por ser buenos?