Después del terrible daño que se provocó con el pensamiento neoliberal de que era más rentable importar granos básicos, como maíz y frijoles, que producirlos, para encarrilar todos los esfuerzos productivos hacia la industria maquiladora; por lo menos en las dos últimas administraciones, el gobierno hondureño reconoce la importancia de incentivar la producción agrícola como parte de la estrategia en la lucha contra la pobreza y para garantizar la seguridad alimentaria de la población.
El desplome de la producción nacional —debido a la caída de precios promovida con el masivo ingreso de granos básicos, principalmente maíz, producidos con subsidios estatales en los países ricos— y el posterior incremento de precios, a raíz del uso de granos en la fabricación de biocombustibles y la bancarrota de los campesinos de los países pobres, por fin se entendió lo que tradicionalmente había sido obvio: la producción agropecuaria es clave para un país pobre como Honduras que cuenta con vastos recursos en cuando a fuerza laboral, tierras y agua para tener éxito en ese campo.
Por supuesto que faltan muchos más incentivos para la producción agropecuaria. Por ejemplo, el llamado Bono de Solidaridad, que había nacido con el nombre de Bono Tecnológico, y que consiste en un paquete de semilla mejorada y fertilizantes que se entrega gratuitamente a unos 80 mil productores que cultivan entre una y dos manzanas de tierra, ha marcado alguna diferencia; pero todavía quedan sin apoyo aquellos productores independientes que poseen mayores extensiones de tierras de cultivo, pero que no llegan a acceder al financiamiento del sistema bancario con que cuentan los grandes.
Según las autoridades de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) para este año se espera cultivar 722 mil manzanas, de las que se prevé cosechar unos 18 millones de quintales de maíz, frijoles, arroz, soya y sorgo. Las halagüeñas perspectivas gubernamentales de producción para 2013 cuentan con disminuir el déficit productivo, principalmente en maíz, arroz y soya.
Esperemos que de verdad se cumplan con las promesas de apoyo técnico y financiero a fin de evitar esos anuales “negocios” de importación de granos que siempre favorecen a algunos pocos, incluyendo a miembros de la estructura gubernamental, en detrimento de los productores nacionales.