Opinión

La crisis venezolana

Los violentos disturbios del miércoles en Venezuela, con el saldo de tres muertos, decenas de heridos y detenidos, y daños a locales gubernamentales, vehículos policiales y particulares, ponen de manifiesto no solo la permanente polarización, sino también la profunda crisis económica y social en ese país e incluso una creciente fisura en las fuerzas de la oposición para enfrentar al chavismo.

De hecho, los cruentos enfrentamientos callejeros del miércoles en Caracas fueron el corolario de dos multitudinarias manifestaciones: una del oficialismo para conmemorar una histórica batalla de la lucha por la independencia, que dio origen al Día de la Juventud, y la otra convocada por estudiantes y los representantes de la línea dura de la oposición que tenía como propósito protestar contra la previa captura de estudiantes, la violencia, la inflación y la escasez de productos básicos, y para hacer realidad “la salida” del gobierno presidido por Nicolás Maduro.

Tanto oficialistas como opositores se culpan por la violencia; los primeros responsabilizando a los “colectivos” –grupos armados prochavistas— y los segundos asegurando que se trata de grupos “nazifascistas… infiltrados” que tratan de replicar las multitudinarias protestas de 2002 que desembocaron en un fugaz golpe de Estado contra Hugo Chávez.

Pero los disturbios callejeros del miércoles también parecen ahondar la crisis que estalló al interior de la oposición después del triunfo electoral del chavismo en las elecciones municipales de diciembre pasado, considerado por algunos como una derrota personal del excandidato Henrique Capriles y que atribuyen a la falta de contundencia en denunciar el fraude electoral en las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013.

Solo los dirigentes opositores María Corina Machado y Leopoldo López –contra quien se ha dictado orden de captura por los sucesos acontecidos-, arengaron a los manifestantes. Capriles, quien solo estuvo como espectador, dijo al siguiente día que “las cosas no están bien, ayudemos a que este país salga del caos, no dejemos que los extremos dañen esta visión”, según reseña de El País, de España.

Obviamente, los disturbios del miércoles, como la crisis económica que hace de Venezuela el país con la más alta inflación del mundo y víctima de una creciente escasez de productos básicos, incluyendo alimentos; al igual que la incontrolable violencia delictiva, las limitantes a la libertad de expresión y otros derechos humanos, son plena responsabilidad del gobierno de Maduro que, en su arrogancia y extremismo ideológico, impone por la fuerza un fracasado sistema político-económico que es rechazado por la mitad de sus compatriotas.