El miedo a lo que va a ocurrir el próximo domingo, atizado por la incertidumbre, nos agobia y paraliza.
Esta columna intentó entrevistar a los candidatos presidenciales para auscultar lo que ocurriría después de ser electo el ganador y estimar el posible significado del proceso electoral y del nuevo gobierno en el corto, mediano y largo plazo.
Fueron escogidos los cuatro que, según las encuestas, suman el 80%, del que saldrá el ganador, es decir, en orden alfabético, la señora Castro y los señores Hernández, Nasralla y Villeda.
Convenía agregar uno de los minoritarios en las encuestas, y fue seleccionado el señor Vásquez.
Para el propósito indicado, era importante entrevistar también al expresidente Zelaya.
Fue imposible obtener el concurso de los señores Villeda, Hernández y Nasralla.
Los Castro-Zelaya no esperan un fraude electoral porque, opinan, equivaldría a otro golpe de Estado, que el mundo no aceptaría.
Por tanto, concluyeron, tampoco habrá violencia.
Creen que la dispersión del próximo Congreso reducirá el excesivo poder que hoy detenta el Legislativo, a costa del Ejecutivo.
Propiciarán un pacto social para organizar una asamblea constituyente.
¿Cuál sería su lugar en un gobierno de doña Xiomara?, ¿quién elegiría el gabinete?, pregunté a Zelaya.
Contestó que asumirá el rol que ella le indique, y que ella nombrará su equipo.
¿Intentarán el socialismo del siglo XXI?
Buscamos un socialismo democrático, a la medida de Honduras, respondieron.
Al concluir la entrevista pregunté directamente a Zelaya: Si Libre pierde, ¿aceptará la derrota? Respondió que sí.
Vásquez Velásquez opina que la insatisfacción social por tanta promesa incumplida podría perturbar las elecciones.
Respecto al riesgo de fraude, recordó que los partidos Nacional y Liberal han dejado tradición a ese respecto.
No apoyaría un proyecto de constituyente, pero sí reformas que actualicen la Constitución.
Sus medidas inmediatas serían para combatir la corrupción y el desempleo.
Su plan de seguridad incluye cooperación militar al principio, pero sin mezclar Ejército con Policía.
En materia económica, Vásquez se inclina por la economía social de mercado con concertación social.
Las declaraciones y los discursos de cierres de campaña de los candidatos evidencian la similitud y la escasa novedad de sus ideas para el próximo gobierno.
Como se estableció en el artículo anterior, las propuestas electorales son niveladas por el rasero de la tradición, tanto en cuanto dicen como en cuanto callan.
Pero el silencio más revelador es sobre la forma en que cumplirán sus etéreas promesas.
Del lado de los electores, esta es la campaña del miedo.
Miedo a los intentos radicales de algún candidato, al autoritarismo de otro, a la falta de energía de alguno, a que continúe la corrupción generalizada del sistema.
Esta elección, sin embargo, será decisiva para el futuro de Honduras porque es la última oportunidad del estamento político tradicional para reciclar por un tiempo sus estructuras, carcomidas en décadas de demagogia, corrupción e incompetencia.
Para tal reciclaje, el ganador debiera convocar de inmediato una concertación de todos los sectores que decida las reformas necesarias, donde cada uno asuma su compromiso de cambio y el sacrificio que aportará para recuperar la economía y la seguridad nacionales.
Porque ni presidentes ni partidos podrán, por sí mismos, levantar la economía, hacerla competitiva, recuperar la seguridad, combatir la corrupción, atraer la inversión, reformar la educación y, en general, colocar el país en la ruta del desarrollo, en un mundo en convulsión.
Esa tarea es de todos. Cada quien debe hacer su elección, la menos incómoda, y votar por un futuro mejor.
La voluntad de lucha ciudadana no debe ser debilitada por el resultado electoral, cualquiera que sea.
Al contrario, deberemos respaldar al ganador y las reformas que emprenda, criticar los errores, presionar por la concertación, denunciar la corrupción y la incompetencia.
Esta es, todavía, una oportunidad para el estamento político. Podría ganar tiempo si la aprovecha; hundiría más al país si le da la espalda.